Entre ciudadanos

Orden social, pacto ciudadano

A lo largo de los siglos, una experiencia compartida por la humanidad hace evidente a todos la necesidad de que debe existir cierto mínimo normativo, aceptado y conocido por todos, con base en el cual sea posible articular el orden de la convivencia societaria, de manera que las relaciones y los intercambios se construyan dentro del marco que rige la vida social o en comunidad.

Sin pretender agotar en descripciones las dinámicas del hacer social en el devenir de la historia, lo cierto es que siempre los gobernados son quienes deben cumplir todas las dinámicas sociales dispuestas por el legislador, pretendidamente en beneficio de las comunidades gobernadas.

Las reflexiones anteriores, sirven ahora para referirme al cada vez más frecuente modo de operar de las autoridades, que al amparo de un pretendido bien para la comunidad de gobernados, improvisan la realización de obras públicas de gran envergadura, sin el debido consenso y conocimiento ciudadano.

Así en el trascurso de semanas y meses los habitantes de diversas ciudades ven gravemente afectadas sus vidas y dinámicas cotidianas por la construcción de obras públicas no consultadas ni aprobadas por las comunidades supuestamente beneficiadas, pero más aun, teniendo como pretexto el rediseño de vialidades se cometen verdaderos atentados a la vida de árboles centenarios que desde luego no se sustituyen ni se reparan con la apresurada siembra de arbustos y plantas de ornato.

Así como la autoridad posee el poder de coaccionar al ciudadano para que oriente sus acciones en el marco del orden y del pacto social, es indispensable que los ciudadanos sean capaces de exigir a las autoridades que respeten las leyes que rigen la vida social y sobre todo el orden de la naturaleza, que no admite el trueque de árboles centenarios que han sido talados para favorecer —dicen ellos— nuevas vialidades, pretendiendo que pueden ser sustituidos por arbustos.

El impacto ambiental negativo es evidente y desde luego la reparación del daño es dudosa y en realidad imposible; gobernar es arte y oficio, que consiste en hacer compatibles el orden social y el pacto ciudadano, ni más, ni menos.