Entre ciudadanos

Octavio Paz, actualidad y vigencia

Octavio Paz Lozano fue hijo único, nació en marzo de 1914 y murió en abril de 1998, de manera que en este 2014 se cumplen 100 años de su nacimiento; en 1990 fue distinguido con el Premio Nobel de Literatura, siendo hasta hoy el único mexicano cuya obra y producción literaria ha sido reconocida con esa distinción.

Fue un niño solitario, de delicada sensibilidad e incansable hambre de lectura, que llenaba sus horas de silencio de grandes ideas, personajes, relatos y reflexiones. Los vínculos de su padre con la causa de la Revolución lo obligaban a prolongadas ausencias que el niño resentía y generaron distanciamiento y silencio entre ambos. Octavio fue criado por su madre y por su tía; en 1935, cuando Octavio tenía 21 años, su padre falleció de manera trágica.

Realizó sus estudios profesionales en las facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la UNAM. A lo largo de su vida desarrolló una intensa actividad diplomática y literaria que lo llevó a ocupar cargos de primer nivel en el servicio exterior mexicano y a pasar largas temporadas fuera de México; estas prolongadas ausencias y retornos alimentaron su inspiración y visión crítica y severa sobre el acontecer de su país; constantemente solitario y reflexivo, hombre de finos modales y amplísima cultura, gustaba de las charlas de sobremesa con personas inteligentes con quienes intercambiaba perspectivas en una actitud de amable escucha.

La gran obra literaria y poética de Paz no echó raíces en ningún movimiento porque siempre estuvo alerta y sensible ante los cambios, de modo que su poesía acabó por convertirse en una manifestación personal y original. Junto con Pablo Neruda y César Vallejo, Octavio Paz integra la tríada de grandes poetas de la lírica hispanoamericana del siglo XX que deben ser leídos y estudiados. Octavio Paz es uno de los grandes orgullos de la literatura mexicana y en el primer centenario de su nacimiento justo es dedicarle un tiempo a la lectura de su obra.

En la más famosa de sus obras, "El laberinto de la soledad" con gran fuerza afirma; el mexicano por miedo a las apariencias se vuelve sólo apariencia, todo es apariencia. Verdades tan profundas y evidentes deben motivarnos a considerar y redimensionar el valor de la cultura en nuestra vida cotidiana, después de todo allí donde la belleza se niega o ignora, el alma se ciega y envilece.