Entre ciudadanos

Mujeres empoderadas

El pasado 8 de marzo, con ocasión de la celebración del "Día internacional de la mujer", que se formalizó en 1975, desde luego tuvieron lugar los consabidos discursos exaltando las grandes dotes y atributos que poseen las mujeres y la necesidad de que la humanidad, es decir los varones, tomen conciencia de los aportes significativos que ellas representan.

De hecho, en una magna celebración realizada en Santiago de Chile, el secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki Moon dijo; "el mundo nunca alcanzará el cien por ciento de su potencial si se continua excluyendo a 50 por ciento de la población mundial". En otra parte de su discurso, llamó la atención sobre la necesidad de "romper los techos de cristal" que impiden el acceso de las mujeres a la toma de decisiones y al poder, en un mundo preferentemente masculino y excluyente.

El lema del Día internacional de la mujer 2015 ha sido: "Empoderando a las mujeres, empoderamos a la humanidad". La reflexión es obligada y quizás por esa falta de visión integral de lo humano es que, más allá de las declaraciones, el discurso social, político, económico y religioso, sostiene unos modos de ser, usos y costumbres en abierta contradicción con las expresiones de aprecio y consideración de lo femenino que tanto se han escuchado a lo largo de estos días.

Cabría preguntar si el evidente fracaso de los actos políticos de celebración de cada año en el contexto de una realidad mundial de abierta adversidad para las mujeres es un asunto de falta de poder, como este año se presenta o en hay un problema no resuelto de mayor envergadura, relacionado con el reconocimiento de la dignidad femenina, tan humana como la del varón.

La violencia laboral y social que se manifiesta en el acoso sexual y en la falta de igualdad de oportunidades, son otras tantas formas de trato discriminatorio y hostil de los varones, por lo general empoderados, con graves impactos a la dignidad de las mujeres y que forman parte de un conjunto de usos y costumbres de tácita aceptación social.

Más que el esfuerzo por avanzar en las así llamadas cuotas de género en la participación de las representaciones políticas, lo que México necesita en verdad es un serio y consistente esfuerzo de educación antropológica y cívica que permita a las mujeres mexicanas, de cualquier edad y condición, tomar conciencia del valor y aprecio de su dignidad femenina para desarrollar modos de ser y ejercer los roles femeninos con seguridad y con libertad.