Entre ciudadanos

Migrantes, el drama de la memoria

El inconmensurable drama humano que supone la acción de recoger en las playas de Europa el cuerpo sin vida de un niño proveniente de los países en guerras de Asia o África, desde luego tiene que mover la conciencia y el corazón de quienes se encuentran a un lado y otro del océano.

Según datos de la propia Comunidad Europea durante el pasado 2015 llegaron a Europa más de 2 millones de migrantes; éstos pretenden encontrar en los países que los reciben las condiciones de estabilidad económica y social que no existe en sus países de origen.

Para los migrantes, el riesgo de vida y de desintegración familiar, desde luego, es mejor opción que continuar en sus países hundidos en el caos, la miseria, la desesperanza y los fundamentalismos religiosos.

Hoy, precisamente los gobernantes, los políticos y en general los habitantes de la rica y estable Europa son quienes se quejan de la grave inestabilidad que está causando a sus sociedades y economías la ola de migrantes que los está invadiendo; llama la atención la falta de memoria histórica de los quejosos europeos, justamente porque a un siglo de distancia están experimentando las consecuencias de los abusos y las atrocidades que ellos propiciaron.

En noviembre de 1993, fue fundada la Unión Europea, en el documento declaratorio de su creación se lee que entre sus objetivos está evitar las guerras, reconocer el derecho humano al libre tránsito y, en consecuencia, el derecho a buscar refugio y promover la paz.

Al parecer ese ideario que los une debe ser recordado y, en su caso, revisado ahora que cientos de miles de migrantes africanos y asiáticos se están introduciendo en su bello y próspero continente, precisamente porque es innegable la responsabilidad moral y jurídica de Europa en la tragedia que viven en África y en Asia.

Los siglos de sometimiento y explotación de Europa en perjuicio de África y Asia exigen de los involucrados comprender que para bien o para mal, el futuro que pueden construir solo será posible asumiendo la memoria, es decir, la historia que los une.