Entre ciudadanos

Legislar sin prisa, pero sin pausa

En contadas ocasiones de nuestra historia nacional se ha congestionado, como ahora, el trabajo legislativo del Congreso.

Hoy están en proceso muchas leyes, que deberán ser estudiadas, debatidas y, en su caso, aprobadas para dar respuesta a las urgentes necesidades de paz y desarrollo que requiere México, no solo para superar el desorden, atraso, injusticia, inacción eimpunidad en que vivimos, sino para enviar cuanto antes un claro mensaje al mundo respecto a la manera expedita de cómo estamos superando nuestros problemas nacionales, convirtiéndonos en destinatarios confiables de inversiones extranjeras.

A nadie escapa que la calidad de vida de los mexicanos ha experimentado, durante las últimas décadas, estancamiento y deterioros significativos.

Es evidente la disfunción social que se concreta en el irregular y deficiente desempeño institucional, al extremo de hacer necesarias y urgentes estas grandes "reformas estructurales", marcando un antes y un después radicalmente diferentes.

Con ese objetivo están ya en proceso la Ley de Telecomunicaciones, la Ley de Competencia Económica,las leyes electorales, las leyes Energéticas, la Ley de Medios Públicos. Todo lo anterior, sin dejar de mencionar el Código Federal de Procedimientos Penales Único, que, desde luego, espera ser armonizado en cada estado y con la Federación, respecto de las leyes sustantivas que necesariamente serán impactadas.

La abultada agenda legislativa, que habrá de ser desahogada por los integrantes del Honorable Congreso de la Unión, debe evitar el riesgo de anteponer la urgencia política de sacar las leyes rápidamente, al vapor, sin el estudio, la reflexión y la confrontación de posturas sobre los delicados temas referidos.

Por el bien de México y de los mexicanos, es indispensable que los legisladores-reformadores hagan el trabajo parlamentario que consigna esta gran agenda nacionalcon seriedad y eficacia; es indispensable que esta vez, se concentren y redacten bien esos documentos, evitando los errores y las pifias que tantas veces han hecho de los textos legislativos monstruos incomprensibles, plagados de lagunas y contradicciones, propicios para la corrupción, y, desde luego, para nuevas reformas.