Entre ciudadanos

Incoherencia legislativa

En el primer cuatrimestre de este atribulado 2014, en que ha tenido verificativo el Primer Periodo Ordinario de Sesiones del Congreso, los ciudadanos hemos sido sometidos a un espectáculo lamentable, mezquino y ruin, protagonizado por los integrantes del Poder Legislativo.

Independientemente del partido político, pareciera como si todos se propusieran acabar con lo que queda del Congreso de la Unión, espacio pensado por el constituyente para diálogo y debate en la confrontación y búsqueda de mejores leyes para México.

A juzgar por los lamentables espectáculos que nos han ofrecido los representantes sociales, pretender que los legisladores legislan es casi un barbarismo o un absurdo. En las escaramuzas y sainetes de estos meses en que supuestamente han elaborado, debatido y aprobado diversas leyes secundarias, lo que en realidad hemos visto es no solo una ignorancia grave de las nociones más elementales del Derecho Positivo Mexicano, sino la práctica reiterada de trampas, transas, pifias, trucos y maromas, mostrando que lo menos importante son los ciudadanos que representan, es decir, la protección y defensa de derechos de quienes los eligieron.

Nadie ignora que el Congreso de la Unión cuenta con centros e institutos de estudios legislativos y que cada legislador dispone de un equipo de colaboradores y asesores para realizar sus funciones.

Sin embargo, los legisladores no son los autores de las propuestas de leyes secundarias. En cualquier caso, esos documentos, que luego se pretenden negociar entre los grupos políticos coexistentes en ambas cámaras, no son producto del genuino trabajo legislativo.

Este reiterado proceder evidencia profunda incoherencia del pretendido trabajo de los legisladores. Es obvio y ofensivo para la ciudadanía que detrás de esas propuestas de leyes secundarias a modo, existen intereses económicos y políticos de repartos de poder y de dinero, ajenos de los ciudadanos y del bien de México. Ante la perversidad de esta dinámica legislativa corrupta, la pregunta es obligada ¿quién controla, audita y evalúa a los legisladores para sancionarlos?, ¿cuándo rendirán cuentas a los electores?

Más allá de la incoherencia legislativa en que vivimos y de la dificultad de los historiadores al intentar describir la crisis moral en que transcurre la dinámica política actual, es obligado entender que el daño que hacen a la democracia es devastador.

Con esas reformas y leyes secundarias a modo, sin estudio y reflexión, atropelladas en su gestación y aprobación, sobreponiendo intereses personales, de grupos de poder y de partidos al bien de México y de los mexicanos, en realidad se auguran resultados incompatibles con el avance y la modernización que requiere el país.