Entre ciudadanos

Impuestos y cuentas claras

En su sola expresión, el concepto de impuesto da cuenta de la carga u opresión que ejerce sobre aquel a quien se le impone algo, de manera que se presenta como una acción forzada o al menos no espontánea, ni bien recibida.

En nuestro país ha entrado en vigor —junto con el nuevo año— un catálogo de nuevos impuestos. De hecho en cualquier democracia del mundo los ciudadanos pagan impuestos, es decir, estamos obligados a contribuir al gasto público, al sostenimiento del Estado y al desarrollo de las tareas que tiene encomendadas.

En nuestro contexto nacional, los impuestos deberían ser realmente progresivos, es decir, que pagara más quien tenga mayor capacidad económica, además, con transparencia y honestidad, esas cantidades recaudadas efectivamente deberían ser aplicadas de manera redistributiva, entre otras cosas, para en verdad y de una vez por todas superar la miseria y la violencia extendidas como paisaje desolador por todo el país.

La decisión de las autoridades hacendarias de exhibir, sin distinción, a quienes eluden sus obligaciones fiscales, ya sean personas físicas o empresas, es comprensible y, desde luego, pone en evidencia a los malos ciudadanos, ésos que se benefician de la infraestructura instalada.

Al usar servicios públicos que no pagan y que al rehuir su obligación, están realizando un doble acto de evasión. De un lado, desde luego, no cumplen con el Estado y del otro con el resto de los ciudadanos cumplidos, afectando sus derechos.

Es obligación del Estado rendir cuentas e informar de manera transparente, y comprensible para el ciudadano, lo que hace con los dineros que recauda, en este aspecto existe una enorme oscuridad e impunidad.

La reforma legislativa que hizo nacer las nuevas disposiciones a que me he referido es de gran trascendencia para México, los mexicanos tenemos derecho a saber cuánto, por qué y en qué se gasta cada peso del así llamado "gasto público", en un país con las dolorosas carencias del nuestro.

Es injustificable el estilo de vida, los sueldos, bonos, prestaciones, estímulos, compensaciones y ayudas que reciben, o se dan, los políticos y servidores públicos en el país, aunque es importante resaltar que, de manera particular, los de "primer nivel".