Entre ciudadanos

Feudalismo posmoderno

La inesperada decisión del pueblo británico de salir de la Unión Europea puso fin al sueño unificador, globalizador y pacificador que la vio nacer como anhelo de vida comunitaria, respetuosa de las diferencias, pero capaz de reconocer la vigencia de oportunidades, peligros e intereses compartidos.

También en Estados Unidos hubo sorpresas, el triunfo del candidato republicano Donald Trump ha conmocionado al mundo, no solo porque quienes se dedican a la elaboración de encuestas, en alguna forma contribuyeron a crear una ilusión, ya que daban como cómoda ganadora a la candidata Clinton, sino porque el tono insolente, grosero y avasallador de Donald Trump hacía pensar en lo inconveniente y altamente peligroso que era poner al frente del gobierno de la nación más poderosa del mundo a una persona tan violenta, incontrolada y visceral. Así, para sorpresa del mundo, se impuso el pragmático hombre de negocios por sobre la experimentada mujer política.

Desde luego, ambos casos, el Brexit y el triunfo de Trump tienen en común muchos aspectos. Se trata de acontecimientos tan relevantes que han removido las seguridades geopolíticas del mundo. En ambos casos los protagonistas son personas de la misma raza en diferentes continentes, ésas que a lo largo de su historia han impulsado proyectos y acciones destacadas en torno de la apertura, la conquista y la expansión; por contraste, al parecer, hoy están decididos a dar marcha atrás sobre su historia, o por lo menos desandar parte del camino cerrando sus fronteras y replegando el alcance de sus intereses para centrarse en el cultivo y reencuentro de su propia grandeza, tal como lo hicieron los Señores Feudales, durante los siglos 5 al 15, en plena Edad Media.

La historia es maestra de vida y sus lecciones no debieran ser olvidadas. Lamentablemente en pleno siglo 21, hoy, como en tiempos medievales, la explotación de los inferiores y débiles se advierte como inminente, una posmoderna forma de vasallaje e impunidad, porque la narrativa de los nacionalismos y el posicionamiento de los fuertes como seres superiores, es incompatible con el reconocimiento de los derechos humanos y la transparencia institucional, exigencias mínimas del bien común.