Entre ciudadanos

Felipe VI: infancia es destino

La historia contemporánea de España está a punto de vivir una transición en el contexto de una grave recesión económica y de un, aún más grande, descontento social que amenaza con sabotear el acto de coronación, o por lo menos evidenciar el deseo de miles de españoles de hacer patente su disgusto con la monarquía y la familia reinante.

Es necesario reconocer los grandes aportes del Rey Juan Carlos a España, después de 36 años de reinado en que con sus luces y sombras hizo posible la construcción y consolidación de la democracia española. El gran talento político que le caracteriza facilitó la salida tersa de la dictadura franquista y el natural advenimiento de la era constitucional y del estado de derecho para el pueblo de España.

Se ha anunciado que el 19 de junio tendrá lugar la ceremonia de coronación de Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, hasta ahora Príncipe de Asturias, de 46 años, casado con Letizia Ortiz, mujer que no pertenece a la nobleza y con quien procreó dos niñas.

Lejanas en el tiempo quedaron las fotografías de la familia feliz de los monarcas españoles; la abdicación de don Juan Carlos hace evidente las insuperables divisiones existentes al interior de esa corte. Al parecer, las hermanas de Felipe eligieron mal a sus consortes, quienes se han visto envueltos en graves escándalos de corrupción que desde luego afectan el prestigio de la corona y de la familia reinante. La cacería de elefantes en Botswana y la fama de infidelidades matrimoniales, que también se le atribuyen a don Juan Carlos, pintan un escenario complejo para el futuro monarca.

Un halo de misterio y fantasía hilvana los hilos que tejen las historias de las casas y familias reales en todo el mundo. El cuidado de las formas, ceremonias y protocolos es parte de los elementos que sostienen el discurso colectivo para aceptar que en plena era del reconocimiento de la igualdad de todos los seres humanos existan personas cuyas vidas transcurran rodeadas de privilegios, lujos y comodidades de las que disfrutan literalmente por derecho real, que no humano, de haber nacido en ese contexto monárquico.

En el extremo opuesto, justo es señalar que hoy también existen países y gobiernos en Asia y África que abiertamente hacen caso omiso de los derechos humanos y su indiscutible vigencia universal. En esos estados haber nacido mujer exige un trato discriminatorio de flagrante negación de la dignidad humana, cumpliéndose una vez más aquel aforismo que señala "infancia es destino".