Entre ciudadanos

Ética política, una lección cervantina

A lo largo de la historia de la literatura, y de la política, han existido centenares de obras que hacen referencia a la responsabilidad y atributos que deben caracterizar y ser cultivados por las personas que aspiran a la noble e indispensable tarea de gobierno.

Comparto con el amable lector algunas "pinceladas" de la vida y obra del más grande autor de habla española: Miguel de Cervantes Saavedra. Nació el 29 de septiembre de 1547 y murió el 22 de abril de 1616, a los 69 años. En este año también falleció el padre de las letras inglesas William Shakespeare.

Fue el cuarto de siete hijos del médico Rodrigo de Cervantes y Leonor de Cortinas, una familia numerosa con estrecheces económicas. Desde joven Miguel adoptó como segundo apellido Saavedra, que al parecer provenía de algún familiar paterno. Muy temprano descubrió su talento para las letras y en este oficio tuvo algunas oportunidades pero por necesidades económicas, se enlistó en el ejército.

A los 24 años, perdió una parte del brazo y la mano izquierda en la famosa Batalla de Lepanto; este acontecimiento marcó su vida porque le impidió continuar activo en el ejército, pero le permitió desarrollar sus grandes dotes literarias. Entre 1571 y 1576 estuvo preso en Argel, África, los años de cárcel fueron propicios para concebir y desarrollar los primeros borradores de su obra maestra "El Quijote de la Mancha".

De regreso en España, las armas y las letras, sus dos grandes pasiones, se le negaban y tuvo que conformarse con un puesto menor en la burocracia del rey. Desde esta posición encontró el tiempo, el ánimo y la inspiración para escribir, y sus obras le alcanzaron la fama y el reconocimiento.

Sobre el Quijote se han escrito miles de ensayos y reflexiones, siendo de destacar aquellos inspirados consejos que dedica a su escudero, cuando la oportunidad se presenta para que se haga gobernante; hoy, casi seis siglos después, urge volver la vista a esos textos para dimensionar la responsabilidad ética de los gobernantes.

En la pluma de Cervantes, el Quijote le dice a Sancho que el que ejerce función de gobernante debe ser ejemplar en su conducta, porque la ejemplaridad orienta e impulsa hacia el bien a los gobernados, así, el gobernante guía a otros para ayudarlos y no para dominarlos cuidando que sus subordinados no se extravíen, ni pierdan el horizonte.