Entre ciudadanos

Ética y economía

Estamos tan habituados a pensar en los conceptos que dan título a esta colaboración, como separados o pertenecientes a mundos distantes y distintos, que la sola expresión "ética y economía" supone, por lo menos, un sinsentido o incluso un pleonasmo; hemos de reconocer que no en todas las sociedades y países las relaciones entre gobernados y gobernantes se encuentran tan deterioradas y afectadas en sus dinámicas cotidianas.

Hoy que los legisladores siguen discutiendo, tratando o maltratando en el Congreso las "leyes secundarias" relacionadas con la reforma en materia energética, vale la pena recordar y considerar el tratamiento que Noruega ha dado a las reservas petroleras localizadas en el Mar del Norte, que fueron descubiertas en 1969 y desde entonces han sido explotadas.

El ejemplo es oportuno, aunque para nosotros, desde luego, es muy difícil evitar asociar petróleo y corrupción. Desde que se llevó a cabo la expropiación por el presidente Cárdenas, hasta hoy, la historia de nuestro país registra una secuencia interminable de malos manejos y usos indebidos de una riqueza que, se nos dice, es de todos los mexicanos, cuando es evidente que es de "algunos mexicanos", que indebida e injustamente han hecho de un bien común botín de riqueza personal.

Cuando en 1969 los habitantes de Noruega se enteraron que eran dueños de una riqueza con la que no contaban, su parlamento ideó la creación de un Fondo de Pensiones del Gobierno de Noruega con el fin de garantizar el uso transparente, responsable, confiable, ágil y productivo de las riquezas generadas por la venta de petróleo y gas.

El Fondo de Pensiones que creó el parlamento noruego se propone construir un sólido patrimonio para todo su pueblo, haciendo realidad un nivel de vida muy alto para todos donde la pobreza, la violencia, el desempleo, la delincuencia y la ignorancia no tienen cabida.

Pensar la economía nacional con ética no es una quimera, ni un ejercicio de ingenuidad extrema, es entender de fondo que los bienes comunes tienen que ser para todos los habitantes del país.

¿Cuánto podrían aprender los políticos mexicanos de estas sanas prácticas que tan buenos resultados están dando en Noruega?, si se lo proponen, podrían revertir la oscuridad y desconfianza que se advierte como inseparable del asunto petrolero. La ética y la economía son compatibles, la corrupción y la impunidad son enemigos del buen gobierno y deben ser erradicados con sanas y mejores prácticas de honradez y transparencia.