Entre ciudadanos

Enero, el futuro anunciado

El primer mes del año, enero, recibe su nombre de Jano, Janus, Ianus, el dios romano que posee un doble rostro, una cara ve al pasado que se ha ido y la otra mira al futuro que vendrá. En el imaginario de la cultura latina, las representaciones de esta deidad marcan el inicio y final de un ciclo y a él se le ofrecen las actividades que empiezan y también las que concluyen de manera cíclica como por ejemplo las siembras y cosechas anuales.

La expectativa de un año que inicia invita a tomar conciencia respecto de lo vivido y también de lo que falta por trascurrir en el itinerario vital personal, en ese sentido, cada individuo, no importa su edad, es una posibilidad siempre abierta a nuevas realizaciones, mientras haya vida, precisamente porque el ser humano es de un modo tan particular que su ser es una tarea. La persona, por su libertad, puede orientar su vida y hacer de ella misma una realización que le llene de felicidad y plenitud. En gran medida el transcurrir del tiempo se presenta como oportunidad de realización y no solo como continuidad de días, semanas y meses que registran la personal caducidad.

La conciencia del transcurrir del tiempo ha llevado a los filósofos existencialistas a afirmar que "nacer hombre, supone el reto de hacerse humano"; este sentido simbólico explica la necesidad de humanizar el tiempo, disfrutando el presente y proyectando el futuro hacia nuevas y mejores realizaciones, de manera que el devenir o futuro se reconozca como posibilidad creadora y no como temporalidad que esconde la fatalidad del tiempo que se ha ido.

La inminencia del año que inicia es tiempo propicio de propósitos realistas y concretos que en el transcurrir de los días deben llenar nuestras horas de actividades específicas; una especie de pequeños escalones que nos permitan mirar el camino ascendente de mayores realizaciones y, desde luego, aquellos objetivos vitales que inspiran el trayecto, por muy personales que sean, no excluyen a los demás, precisamente porque cualquier meta o proyecto personal, en alguna forma siempre los incluye, así se explica que la satisfacción de las metas alcanzadas es signo de felicidad compartida.