Entre ciudadanos

Ejecución sin planeación

Por estos días, en los que el gobierno finalmente ha admitido que las finanzas nacionales no van bien y que será necesario "hacer ajustes al gasto público", es obligada la reflexión respecto de cómo es que una y otra y otra vez regresamos, como país y gobierno, al mismo punto de tener que reducir las expectativas de desarrollo y crecimiento que unos meses antes se presentaban como posibles y realizables.

En teoría, la concreción específica del monto del presupuesto federal de egresos anual es materia de proyección y estudio, no solamente de los legisladores que lo aprueban, sino de funcionarios públicos con alto nivel de conocimientos económicos que saben, o debieran saber, proyectar y prever escenarios favorables y desfavorables para las finanzas nacionales, inmersas en las dinámicas de la economía global.

La delicada responsabilidad que tiene el gobierno federal al gastar el dinero público exige una genuina actitud ética, prudencial y reflexiva, de tomar distancia respecto de aquellas obras públicas que se pretenden realizar; esclarecer, antes de decidir, cuál es el objetivo que con éstas se pretende y si en verdad esas obras son la mejor forma de satisfacer la real necesidad planteada.

En el ejercicio del gasto público, al tomar decisiones, es muy importante no confundir espontaneidad con irresponsabilidad en la ejecución de obras mal hechas o de plano no planeadas. En la historia de nuestro país, la urgencia de la coyuntura política muchísimas veces ha traído como resultado obras de relumbrón, que más temprano que tarde ha sido necesario volver a hacer o de plano abandonar por inservibles. Ya es tiempo de superar el nefasto discurso del "hacer a la mexicana".

El anuncio oficial de la necesidad de ajustar o recortar el presupuesto nacional, debe obligarnos a reflexionar sobre si en verdad existe planeación, razonamiento, prudencia y mesura en el ejercicio del gasto público.

En muchas ocasiones, lamentablemente advertimos obras a medio hacer o de plano hechas de prisa y sin calidad, ésas que después de inauguradas dejan de servir. Gobernar exige planear y ejecutar con honradez, calidad y oportunidad, muchas veces la improvisación es expresión de irresponsabilidad política.