Entre ciudadanos

Educación vs indignación

En el contexto de las "tradicionales" manifestaciones de octubre, posiblemente para evitar que se contaminaran, a finales de septiembre vimos crecer, avanzar y concretar sus objetivos con inusitada rapidez a un movimiento estudiantil integrado por estudiantes del Instituto Politécnico Nacional.

Fue espectacular la salida del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, que al estilo de un profesional del medio artístico se subió al templete a "dialogar" con el líder estudiantil; los convocó a una nueva reunión unos días después, habiendo logrado varios triunfos: de un lado, hacerles saber a los manifestantes que son considerados en sus personas y demandas, y, de otro lado, cancelando la posibilidad de una marcha violenta el 2 de octubre.

Hasta donde se ha dado a conocer, el motivo del encono de los jóvenes del IPN, tiene que ver con la pretensión de la directora de hacer más estricto el reglamento de profesores y de alumnos; en esas labores estaba la directora cuando se corrió el rumor de posibles cambios que tocarían intereses de grupos creados al interior del propio instituto, de manera que miles de alumnos tomaron las calles.

El contenido del fallido reglamento es desconocido, los jóvenes pedían la abrogación de lo no aprobado, menos publicado, tan solo se trataba de un instrumento de trabajo y de estudio. El atrevimiento de la directora motivó la irritación de los estudiantes del IPN, al grado de darle en el pliego de sus peticiones al secretario de Gobernación un lugar relevante a la renuncia de la doctora Bustamante Diez.

Lo ocurrido debe llamar nuestra atención, no es de imaginarse que en un país de primer mundo ocurra un espectáculo tan lamentable; en las universidades y politécnicos de Europa y Estados Unidos, donde la educación superior y la preparación para la vida y el trabajo productivo en verdad se valoran, no es posible concebir que los estudiantes exijan la renuncia del director o del rector porque pretende exigir más calidad a alumnos y maestros.

Es de no creer que nuestra educación superior nacional se encuentre en ese nivel ínfimo y mínimo; no exigencia académica, pase automático y todas las prerrogativas de permanencia para los estudiantes, de manera que aquel ingenuo director que se atreva a cuestionar esos "logros gremiales" ya sabe lo que le espera.