Entre ciudadanos

Ébola de la democracia, la corrupción

La abrumadora evidencia de corrupción que exhibe el sistema político mexicano, no deja lugar a dudas del grado avanzado de cáncer social en que nos encontramos.

La corrupción se ha extendido en todos los sectores y direcciones de la actividad social. Así, se habla de la corrupción de la derecha con las evidencias de tráficos de influencias y conflictos de intereses; negocios denunciados y expuestos, donde todos los involucrados ganan a manos llenas, amasan fortunas inimaginables y desde luego solo los ciudadanos pierden.

Otra expresión de la corrupción es la de las izquierdas y sus permanentes luchas internas por la distribución y ocupación del espacio geográfico y por el acceso a fondos públicos y programas sociales, que se concretan en cuotas de poder e influencias y redes de violentos movimientos sociales que arman bloques de choque y paralizan la vida ciudadana en diversas regiones del país.

Dentro de la sintomatología de este ébola social, se puede advertir la corrupción de los partidos políticos, los medios de comunicación y la mercadotecnia electoral, ésa que echa al vuelo candidatos y presupuestos multimillonarios, exhibiéndolos no como personas de trayectoria moral y profesional limpia, sino como artistas de cine o televisión.

Cada vez es más urgente analizar con objetividad los posibles escenarios antes de que termine de colapsar la estructura que articula la institucionalidad a la que llamamos Estado. Si lo pensamos bien, en realidad el mal está localizado en el gobierno, siendo indispensable acabar de una vez por todas con la dinámica perversa de puertas giratorias, permitiendo que los políticos se reciclen en los puestos públicos a lo largo de décadas, generando la corrupción en que se encuentra inmerso nuestro país.

Además, es necesario que los ciudadanos exijan transparencia y resultados a sus representantes, de manera que con ocasión del seguimiento puntual a los políticos, sea posible valorar su comportamiento ético en todos sus actos y por todos los años que dure su nombramiento. Para que esto sea posible es preciso que los ciudadanos respeten las leyes que tenemos y nunca más encubran con su voto a políticos infectados de corrupción.