Entre ciudadanos

Disfunción institucional

En teoría política, los brazos articuladores del ser y hacer del Estado reciben el nombre de instituciones. Y precisamente esas instancias son las que hacen posible la realización de tareas y funciones de gobierno, las que nos permiten advertir la fortaleza o debilidad de un Estado.

Expresiones como vivir en un "Estado institucional", o referirse a alguien diciendo que "es toda una institución", ponen delante de nuestros ojos el aprecio que socialmente se concede a la vida institucional.

En todo lo que va del presente siglo, el desarrollo institucional de México acusa graves disfunciones. Sólo en algunos casos, como es el electoral, podemos decir que sin registrar grandes avances, lo cierto es que tampoco se verifican graves retrocesos que sí son evidentes, por ejemplo, en áreas tan sustantivas como la educación, la industria, el transporte y la salud, entre otros.

La disfunción institucional también se advierte en la falta de mecanismos eficaces para que la sociedad influya y participe en las decisiones de gobierno, a fin de evaluarlas y controlarlas.En los hechos, la institucionalidad del gobierno corre con rumbo distinto y distante de la sociedad a la que, en teoría, se debe.

Como mexicanos, la reflexión central que debemos hacernos, tiene que ver con las fallas institucionales que todos advertimos en la prestación de servicios públicos y en las dinámicas elementales de nuestra vida cotidiana.

Vale la pena que cada ciudadano se pregunte con actitud objetiva ¿qué instituciones funcionan bien en el ámbito nacional o local? y, más aún, ¿por qué razón nos hemos acostumbrado a recibir servicios públicos de mala o nula calidad?

Como es obvio, en el contexto de la crisis institucional en que vivimos, el poder no ofrece continuidad entre las promesas de los candidatos en campaña y los resultados de gobierno alcanzados.

La insatisfacción ciudadana resultante tiene solución; es tiempo ya de encarar con seriedad la reforma institucional del Estado, que permita rectificar el rumbo y acelerar el paso.

En los albores de este atribulado 2014, debe caber un espacio para la reflexión personal que permita descubrirnos oportunidades de mejora personal y, al hacerlas vida, sin lugar a dudas estaremos contribuyendo a la construcción del mejor país en que queremos vivir.