Entre ciudadanos

Dilma y Marina

El dramático accidente aéreo en el que falleció Eduardo Campos, candidato opositor a la presidencia de Brasil, el pasado mes de agosto, le ha dado a Marina Silva, ecologista y líder social, la oportunidad de participar como candidata a la presidencia de un país donde el voto es obligatorio y se ejerce de manera electrónica, con gran eficacia, rapidez y transparencia.

En la historia de las democracias latinoamericanas, y posiblemente mundiales, el caso de Brasil es inédito, la presencia histórica de mujeres en la presidencia de los países es mínima, y hoy dos mujeres con méritos y trayectoria política relevante están en lucha por la presidencia, siendo este domingo 5 de octubre la fecha de la contienda, que en muchos sentidos hará y marcará la historia.

Su infancia transcurrió en plena selva amazónica, trabajando en el cultivo y explotación de árboles de caucho; ella y sus hermanos vivieron la miseria y desolación campesina. Fue una niña casi autodidacta, aprendió las operaciones aritméticas y a leer y escribir con la ayuda de la abuela. Por su cuenta, como empleada doméstica continuó sus estudios hasta lograr matricularse en la universidad de Acre, se graduó en Historia y definió su vocación de luchadora social en favor de los campesinos y la conservación de la selva amazónica.

Marina Silva posee una genuina simpatía personal, expresión de sus orígenes vitales inmersos en la miseria campesina, la austeridad extrema y la honradez como consignas integradas a su personalidad. Sabe de las extenuantes jornadas en el campo, de los apuros económicos, de los niños sin escuela, sin alimento y sin zapatos y de la carencia de servicios mínimos de salud.

El liderazgo y el encanto de Marina, contrasta con la "objetividad y dureza" de la estadística y los planes de desarrollo de Rousseff que ofrece su experiencia como Presidenta y conocedora de las dificultades políticas y de las negociaciones económicas.

Marina Silva convoca al cambio, exigiendo acceso a los bienes y oportunidades negadas hasta hoy a esa multitud de ignorados y desposeídos, en un genuino retorno a la ética política de la austeridad y el servicio público regido por la rendición de cuentas.

Marina está haciendo evidente que ningún gobernante puede pretenderse seguro en el ejercicio del poder; el despertar democrático de Brasil ofrece lecciones de honradez, humanidad y femineidad que deben ser valoradas.