Entre ciudadanos

Después de 19 años, al fin la Constitución

Ante la reiterada invitación para elegir al constituyente, el fracaso anunciado de 64% en términos de indiferencia y abstencionismo por parte de los ciudadanos habitantes de la CDMX, es prueba fehaciente de la banalidad de la convocatoria. Cabe recordar que desde hace 19 años, al Distrito Federal le fue concedida la gracia de elegir a su gobernante y en el transcurrir de esas casi dos décadas ha sido gobernado por el PRD; en todo ese tiempo ni los habitantes, ni los gobernantes habían caído en la cuenta respecto de la necesidad de dotar a la megalópolis de una constitución; la razón es muy sencilla, el referido texto en modo alguno es necesario, y lo más importante, desde la perspectiva de los capitalinos en nada cambiará la situación cotidiana de inseguridad, violencia, pobreza, impunidad, contaminación, corrupción y disgusto social ante la insuficiencia o deficiencia en la prestación de servicios públicos.

Se ha insistido, con ese ejercicio tan extrañamente calificado de democrático, que se trata de integrar una asamblea constituyente. El error no solo es de semántica sino de concepto, precisamente porque la entidad de la CDMX ya fue constituida por el mismísimo Congreso de la Unión; de manera que en los días y meses siguientes al 5 de junio, el referido e innecesario texto que habrán de producir o avalar los elegidos no será un texto fundacional, sino uno que no transgreda aquellos derechos y obligaciones plasmados en la Constitución y de los que ya gozan los capitalinos en particular y en general todos los mexicanos.

En el desafortunado asunto de la constitución de la CDMX, es evidente que son más los problemas que se prevén con su creación que los posibles beneficios que no se ven. La gobernanza de la Ciudad de México requiere inteligencia, honestidad y capacidad de compromiso ante los grandes problemas y desafíos que presenta, dotarla de una Constitución no es y no era una prioridad, los 19 años anteriores así lo demuestran. Sin embargo, es de esperarse que con este nuevo instrumento se potencien los problemas y se hagan más complejas las soluciones. Mil veces se ha demostrado que la posibilidad de revertir los problemas en soluciones, no se condiciona a la creación de textos jurídicos.