Entre ciudadanos

Democracia, sin proyecto común

A nadie escapa que en los comicios de 2015 la democracia mexicana se enfrentará a escenarios inéditos, no solo por la novedad de la reforma en curso, sino por la irrupción de una triple crisis.

En primer lugar, económica, un país donde uno de cada dos habitantes vive en condiciones de pobreza. En segundo lugar, una crisis de gobernabilidad que se ha visto en la necesidad de sustituir gobernadores ante la incapacidad de hacer frente a la violencia y la corrupción. Y en tercero, una crisis de liderazgo político y credibilidad. Tres vértices de un triángulo que interactúa en todos sus segmentos, reforzando sus impactos negativos.

A la extrema tensión ocasionada por la desaceleración económica mundial, hay que añadir las señales de alarma provocadas por el conocimiento de gravísimos casos de violación a los derechos humanos y la rampante corrupción política, mostrándonos una imagen de nuestro pasado reciente y remoto que no puede llenarnos de orgullo sino de vergüenza.

Frente a este lamentable estado de cosas, es evidente que la principal carencia de nuestra democracia mexicana es la de no disponer de una ruta a seguir que señale con claridad a dónde queremos ir y qué país queremos ser. Así, sin proyecto colectivo, se pierde el porvenir y la esperanza por llegar a ser un país mejor, pues todo se reduce a la preocupación por satisfacer los intereses, caprichos y ocurrencias de quienes detentan el poder.

Hoy como nunca, México está urgido de tres pactos sociales: con la democracia, con la honradez y con el respeto a los derechos humanos. El pacto con la democracia exige una auténtica regulación del sistema de representación social, de manera que quienes serán candidatos, y en su momento servidores públicos, ejerzan esa responsabilidad habiendo satisfecho requisitos de elegibilidad y control de confianza elementales.

El pacto de honestidad está dirigido a recomponer la fractura moral que vive nuestra política nacional. El pacto por los derechos humanos es una exigencia mucho más allá de la coyuntura de nombrar al nuevo titular de la Comisión Nacional, un estado incapaz de hacer que los servidores públicos respeten a la población, es exigencia mínima para transitar al país que queremos ser.

La democracia mexicana está urgida de un proyecto común que en verdad concite nuestras voluntades para juntos mirar como posible un mejor futuro para todos los mexicanos.