Entre ciudadanos

Al César, lo que es del César

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En los fragmentos que siguen, escogidos del discurso que el Papa Francisco pronunció a los obispos mexicanos en su reciente visita, les invita a reflexionar sobre la necesidad de atender con sentido de urgencia y compromiso dos segmentos de población vulnerable de nuestra realidad nacional: los jóvenes expuestos a los peligros de la violencia y el narcotráfico y los pueblos indígenas, tantas veces excluidos, explotados e incomprendidos como si en verdad fuera posible borrar su importancia decisiva en la configuración de nuestra historia patria y en la proyección del mejor futuro al que naturalmente aspiramos.

Su Santidad les hizo un enérgico llamado a la unidad, al servicio y a la generosidad de su testimonio, porque en ellos como pastores, es en quien recae la grave responsabilidad de conducir al pueblo al bien común. Así se dirigió a ellos:

Pienso en la necesidad de ofrecer un regazo materno a los jóvenes. Que vuestras miradas sean capaces de cruzarse con las miradas de ellos, de amarlos y de captar lo que ellos buscan, con aquella fuerza con la que muchos como ellos han dejado barcas y redes sobre la otra orilla del mar, han abandonado bancos de extorsiones con tal de seguir al Señor de la verdadera riqueza.

Me preocupan tantos que, seducidos por la potencia vacía del mundo, exaltan las quimeras y se revisten de sus macabros símbolos para comercializar la muerte a cambio de monedas que, al final, la polilla y el óxido echan a perder, y por lo que los ladrones perforan muros y roban. Les ruego no minusvalorar el desafío ético y anticívico que el narcotráfico representa para la juventud y para la entera sociedad mexicana, comprendida la Iglesia.

Una mirada de singular delicadeza les pido para los pueblos indígenas, para ellos y sus fascinantes, y no pocas veces, masacradas culturas. México tiene necesidad de sus raíces amerindias para no quedarse en un enigma irresuelto. Los indígenas de México aún esperan que se les reconozca efectivamente la riqueza de su contribución y la fecundidad de su presencia, para heredar aquella identidad que les convierte en una Nación única y no solamente una entre otras.