Entre ciudadanos

Al César, lo que es del César 2/6

En su reciente visita a México, al dirigirse a las autoridades que nos gobiernan, el Papa Francisco dedicó su mensaje a la necesidad de atender a los jóvenes como el futuro de este país, de rostro joven y necesitado de oportunidades y de buenos ejemplos para superar el horizonte de violencia, corrupción e impunidad, que toca a las autoridades atender y resolver; comparto con el amable lector fragmentos del texto ante el Presidente Peña y sus colaboradores cercanos:

A los dirigentes de la vida social, cultural y política, les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, en su familia y en todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana, ayudándoles a un acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz.

Esto no es solo un asunto de leyes que requieran de actualizaciones y mejoras –siempre necesarias–, sino de una urgente formación de la responsabilidad personal de cada uno, con pleno respeto del otro, como corresponsable en la causa común de promover el desarrollo nacional. Es una tarea que involucra a todo el pueblo mexicano en las distintas instancias, tanto públicas como privadas, tanto colectivas como individuales.

Le aseguro, señor Presidente, que en este esfuerzo, el gobierno mexicano puede contar con la colaboración de la Iglesia católica, que ha acompañado la vida de esta nación y que renueva su compromiso y voluntad de servicio a la gran causa del hombre: la edificación de la civilización del amor.

Me dispongo a recorrer este hermoso y gran país como misionero y peregrino que quiere renovar con ustedes la experiencia de la misericordia, como un nuevo horizonte de posibilidad que es inevitablemente portador de justicia y de paz.

Y me pongo bajo la mirada de María, la Virgen de Guadalupe –le pido que me mire– para que, por su intercesión, el Padre misericordioso nos conceda que estas jornadas y el futuro de esta tierra sean una oportunidad de encuentro, de comunión y de paz.