Entre ciudadanos

Animal de compañía

Las dinámicas de las relaciones humanas no son ajenas a los innumerables cambios e influencias que experimenta la humanidad en este mundo nuestro tan abrumado por la cantidad y tamaño de los problemas que enfrenta. Así una constante sociológica que se ha estudiado durante los últimos 40 años revela la tendencia creciente de los adultos jóvenes a vivir solos, a postergar la decisión de formar una familia y tener hijos o de plano erradicar esa posibilidad del proyecto vital.

De tal manera que un sustituto de la compañía, la convivencia y el afecto está emergiendo con gran potencial de crecimiento económico, me refiero desde luego a las mascotas, al mercado de mascotas, donde los clientes potenciales son jóvenes que se encuentran en pleno despegue de su vida laboral, iniciando el arduo camino de la vida adulta con sus responsabilidades, dificultades y retos y que poseen poder adquisitivo, pero están en situación de vulnerabilidad afectiva como para buscar, comprar, acoger y cuidar a una mascota.

Por contraste, tener una mascota hoy supone un rubro de gasto fijo y creciente dentro del presupuesto mensual, porque no solo es el asunto de la comida especial o especialísima para cada raza y etapa de la vida de la mascota, también es la inmensa gama de ropa, juguetes y accesorios de moda y temporada para los animales de compañía, además de los gastos referidos a los diversos tratamientos médicos y vacunas, complementados con tratamientos para el cuidado del pelo, las uñas y los dientes, sin, desde luego, olvidar otros lujos como pueden ser las escuelas especializadas donde aprenden diversos comportamientos, servicios de guardería y paseos, hospedaje cuando el amo no puede atender a su mascota como es debido.

Como ya se advierte, en México el modelo de negocio detrás de las mascotas es enorme y de gran potencial; hace cinco años —2010— se calculaba cercano a los 2 mil 700 millones de dólares anuales, porque se trata de un amplio segmento de población con poder de compra, dispuesto a invertir en la mascota a cambio de la compañía y el afecto que ésta le pueda dar.

Por lo general, los dueños de mascotas son clientes muy fieles dispuestos a gastar para conservar en plenitud la vida del animal de compañía, precisamente porque el vacío afectivo que llenan, bien vale la pena el gasto.