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La puerta del palacio

Nuestro gran Palacio, fue la sede del Palacio de Moctezuma, gran emperador de los aztecas. Iniciada la conquista española en 1521 fue derribado y sobre sus ruinas se erigió en 1561 una fortaleza. El virrey Luis de Velasco lo utilizó como habitación y acondicionó para alojar a los tribunales y la cárcel.

   A lo largo de nuestra historia , el Palacio ha recibido varias modificaciones y atentados, por diversos motivos. Actualmente ya no es la habitación del gobernante en turno, el cual asiste a Palacio dos veces al año por lo regular, durante los desfiles del 16 de septiembre y del 20 de noviembre.

   En 1624, bajo el virrey Marqués de Gelves y el reinado de Felipe IV, no se hizo nada para detener la decadencia de la industria y la agricultura, ni para combatir la inflación. Una vez desaparecidas la estrecha vigilancia y las normas de integridad burocrática de los tiempos de Felipe II, la corrupción y el despilfarro se difundieron de manera alarmante.  La corte  parecía decidida a preocuparse menos mientras más graves fueran las dificultades de la nación e interesarse cada vez más en los placeres, las diversiones, los espectáculos, la moda y el arte. (Perdón, hablo de la Nueva España del siglo XVII, no del año de 2014).

   La conducta austera del nuevo virrey y su fuerza de voluntad provocó disgustos entre él y la Real Audiencia. Las prisiones se llenaron hasta los topes, a pesar de que las autoridades, quizá sobornadas, ponían en libertad a algunos de los prisioneros.

    El 15 de enero de 1624, después de muchos conflictos, se suscitó uno pequeño en la Plaza Mayor, lo que ocasionó que se iniciara un gran alboroto, resultando apedreado un alto personaje. El sujeto apenas pudo entrar a Palacio a refugiarse. El virrey rápidamente ordenó saliera a la plaza la guardia, que no fue capaz de dispersar a la multitud, y recomenzó la pedrea. Se dio la señal de alarma y sonó una trompeta para atraer a la milicia de la capital, que no llegó. Por medio de una escalera un hombre desprendió el banderín que fue izado en la catedral. Varios indios tomaron los petates de las vendedoras de verduras, y con unas cajas de madera encendieron una enorme hoguera a las puertas del palacio. Se oyeron voces que exhortaban a dar muerte al virrey. Hubo disparos desde palacio y desde la plaza.. Los alborotadores penetraron por el ala del palacio usada como cárcel y encendieron más hogueras. La turba saqueaba el palacio y pedía  a gritos la sangre del virrey. Este dio pruebas de notable frialdad: se quitó el traje y los anteojos que eran muy conocidos, se vistió de sirviente, se mezcló con la multitud y gritó con ella: “Muerte al virrey, muerte al virrey”, consiguiendo salir del palacio y refugiarse en el convento de los franciscanos.

   En México nada es nuevo. Cosa curiosa, tampoco fueron castigados los malhechores por el ataque a nuestro máximo edificio histórico.