Taller Sie7e

El chapopote y la expropiación


Nuestro oro negro fue llamado en tiempos antiguos “Nut” por los huastecos y “Chapopotli” o “Tsaupopochtli” por los aztecas. La etimología de chapopote es “tzauc” o “tzacutli” (pegamento) y “popochtli” (perfume); esto es, pegamento perfumado. Los aztecas lo usaron como incienso en sus templos y como cementadora, así como para impregnar sus antorchas; los huastecos teñían con él sus figuras de barro y lo utilizaban para calafatear sus canoas; su uso medicinal estaba indicado en las afecciones del sistema respiratorio. Además, los huastecos se teñían los dientes con él, después de haberlos afilado en punta, según nos relata el gran historiador D. Joaquín Meade. 

Fray Bernardino de Sahagún nos informa que el Chapopotli era recogido por los indios en las playas del Golfo de México y en la laguna de Tamiahua. “Es un betún que sale de la mar y es como la pez de Castilla, que fácilmente se deshace y el mar lo echa de sí con las ondas… Viene ancha y gorda a manera de manta, y ándanle a coger a la orilla los que moran junto al mar.” Agrega: “Este chapuputli es oloroso y apreciado entre las mujeres, y cuando se echa al fuego, su olor se derrama lejos. Hay dos maneras de este betún: el uno es el que se utiliza para mezclar la masa o la resina olorosa que se mete en los cañutos, con que da buen y trascendente olor. O mézclase con el copal o incienso de la tierra, y con la resina odorífera, y así hace buenos sahumarios.  El otro es la pez que mastican las mujeres, llamada “tzictli” (hoy “chicle”), y para que la puedan mascar, mézclanla con el “axin”, con el cual se ablanda, de otra manera se deshace-   El chapopote provocó durante la colonia española y el siglo XIX grandes problemas. Las “chapapoteras” o terrenos bajos donde el chapopote brotaba por sí mismo, constituían el dolor de cabeza de los campesinos, cuyas reses y caballos se sumergían en su trampa mortal y por el nauseabundo olor de ellas.

En 1826, el capitán Lyon describe el chapopote en la laguna de Chila o “laguna de la pez” como la llamaban los antiguos. Culpaban a las chapapoteras de los ataques del paludismo.   El capitán Andrés de Tapia, encomendero de Tuspa y Papantla en el siglo XVI dice: “Hay en mis pueblos cerca de la costa en una parte, fuentes de pez redetida (sic) que sale como brea o como muera, sino que no hiede y cociéndosele se espesa, y es buena para calafatear y no entra en ella broma (broca) por ser amarga”.   En lo particular, pienso que sí entró por ella “broma” y muy amarga en estos últimos tiempos. El auge del petróleo en Tampico es ya casi una leyenda, la expropiación petrolera no se festeja ya, y la reforma energética no satisface a todos. Recordemos a López Velarde en “Suave Patria”: “El Niño Dios te escrituró un establo, y los veneros de petróleo, el diablo”. Este diablo que nos tiene hoy con una sonrisa estereotipada en el rostro, con los dientes afilados y pintados de negro chapopote, como a los antiguos huastecos.