Taller Sie7e

El Tampico de 1921 (2)

Continuando con nuestro último artículo referente a la situación petrolera que regía por esta fecha en el siglo pasado, comentamos las opiniones vertidas en los diarios de entonces, a raíz del final del auge petrolero, que en 1921 llegaba a su fin.  En “El Mundo Ilustrado”, (Num. 7, Tomo I), un comentarista con el seudónimo de “Escorpión”, que satirizaba la llegada de los cazafortunas y oportunistas a Tampico, decía así: “Mientras que unos, con lágrimas de a litro, lamentan la alarmante crisis por la que atraviesa el puerto (la de 1921, no la de ahora), el abajo firmante está que no cabe en sí de júbilo. Por cada pozo que se sala y por cada tren que llega semivacío a la pestilente estación a la pestilente estación de Tampico, quisiera yo echar a los aires un millón de cohetes. Porque durante la época de prosperidad de Tampico, mi casa ya no era mía, era yo una especie de intruso al que, si no sacaron a puntapiés fue porque no habría quien pagara la renta. Era aquello un verdadero hotel, pues no había semana que no tuviéramos huéspedes. Vez hubo que en mi catre de lona durmiera toda una familia, teniendo yo que pernoctar ya en lafuente, en la carbonera o sobre los húmedos lodazales del relleno del Tamesí.

   -“Ya sabes que se recibió un telegrama de mi tía Sinforosa, que trae a Rafaelito que va a colocarse como escribiente, ganando ocho mil dólares mensuales en las oficinas de ‘Rascatripayter Construction Compañini’.

   -“¿Pero dónde vamos a meter más huéspedes, alma mía? -Pues no vamos a permitir que mi tía y Rafaelito, que en dos meses se harán ricos en Tampico, sufran las inclemencias de los sucios hoteles del puerto.

   “¡Y había que soportar a tanto huésped con más abnegación que los que esperan el tren de San Luis! Había quien venía a vender pasta para los callos a cinco dólares, quien a dar clases de guitarra, quien más a establecer una fonda, otro que aseguraba se haría rico en ocho días vendiendo cuernos de borrego, otro traía un carro de monitos de barro de Guadalajara, y hasta un primo en quinto grado de la señora que acarrea el agua, vino desde Chihuahua a cazar ratas domésticas.

   “Hoy todo ha cambiado radicalmente; los huéspedes, ante la crisis reinante, temerosos de que antes de dos meses los tampiqueños nos veamos precisados a sostenernos comiendo camarones crudos (¡tan siquiera les sobraban los camarones baratos!), han comenzado a desfilar para sus respectivos terruños y así mi casa ha vuelto a ser mi hogar. He vuelto a dormir en mi cama, he alcanzado un bolillo entero en el desayuno.

   “Por eso es que, mientras muchos lamentan la crisis y otros suspiran por la paralización de los negocios, yo lanzo un estridente hosanna y, exclamo cada vez que se aleja de mi casa cualquiera de los incontables forasteros que antaño llegaban sedientos de dólares y de negocios: “Idos, idos de aquí con viento fresco…, siquiera mientras pasa la crisis”.

   Crisis que se superó en 1938 con la expropiación del petróleo, que México recibió con júbilo, y que ahora no es más que un recuerdo, ni siquiera una efeméride que se festeje el 19 de marzo. Todo cambia, sin duda alguna.