Vida Cotidiana

Y el reglamento…

Parece  que en Torreón o mejor dicho, en la región lagunera, los reglamentos se hicieron para romperse, ya que muy pocos respetan el de Vialidad, ni los mismos cuerpos policiacos lo toman en cuenta.

Hace unos días una “cumplida” oficial de Vialidad detuvo a una conductora porque dio vuelta a su derecha, cuando el reglamento lo permite, pero como la agente lo desconocía, le hizo la multa. Vemos como personas que cometen infracciones pasan a un lado de los agentes de Tránsito y éstos, en lugar de detenerlos se van sobre posibles víctimas, esas a las que les pueden “bajar” unos cuantos pesos.

Pero lo que más preocupa es la actitud de muchos automovilistas, quien estacionan sus autos en lugares prohibidos, en lugares por donde pasarán personas con capacidades diferentes.

Pero no solamente son los automovilistas, también los agentes de Tránsito que lo permiten, ya que ellos pueden ver estas acciones y no son capaces de levantar una multa. Hay algo que es realmente preocupante, que las autoridades municipales no puedan colocar rampas en todas las banquetas, dejándose de ayudar a las personas que tienen que usar sillas de ruedas, aparatos ortopédicos y muletas.

Las que existen se encuentran en muy malas condiciones, además le agregamos que no tienen letreros para discapacitados y que los autos las invaden, sin que nadie haga algo por remediar esta situación. En Estados Unidos, las banquetas cuentan con rampas, lo mismo en el centro de las poblaciones que en los sectores habitacionales, pero además, en los centros comerciales hay lugares específicos para discapacitados.

La policía de ese país entra a estos estacionamientos y si ve que algún auto que no cuenta con su engomado para personas con capacidades diferentes, de inmediato le aplican la infracción.

Aquí eso no sucede, cualquier hijo de vecina se estaciona en lugares prohibidos y nadie les dice nada, ya que para empezar, los centros comerciales no tienen vigilancia, mientras que las autoridades encargadas de realizar las infracciones, se la pasan de cacería en busca de presas que puedan dejarles dinero constante y sonante.

En el centro de la ciudad y en algunas colonias, las banquetas se encuentran llenas de baches, zanjas, están todas desniveladas, presentan fisuras, lo cual las convierten en un peligro no solamente para aquellos que usan sillas de ruedas o aparatos ortopédicos, sino para la población en general.

Ojalá que las autoridades de los diferentes municipios de la región se pongan a trabajar y dediquen parte de su tiempo a construir rampas y reparar banquetas, pero también que los de Vialidad cumplan y hagan cumplir el reglamento sin llevar agua a sus molinos. 


walter.juarez@milenio.com