Vida Cotidiana

En el olvido

Recuerdo todavía los cuestionamientos que les hacía a los que se dedicaban a construir viviendas, ya que no podía ser posible que aprovechándose en aquellos años de la necesidad de muchos laguneros de contar con una casa, se las estaban ofreciendo con muchas facilidades, pero a larguísimos 20 o más años para pagarlas.
Recuerdo también que hacía la comparación con la compra de un auto, el cual podías pagar en dos, tres o hasta cuatro años, con un costo similar al de una vivienda y el único argumento que daban es que así eran las políticas de las empresas inmobiliarias.
Ahora, parece que muchas de aquellas inversiones que hicieron tanto los empresarios como los compradores, se estancaron o se perdieron, vinieron momentos de inseguridad, el mercado inmobiliario se derrumbó, muchas de aquellas casas que se construyeron, fueron abandonadas al no poderlas pagarlas y posteriormente fueron destruidas por vándalos.
Se pueden ver muchos de aquellos fraccionamientos que se anunciaron con bombos y platillos, como se vinieron a pique, ya que de la noche a la mañana no hubo compradores y en aquellas casas que se construyeron, los ladrones hicieron de las suyas, ya que prácticamente las desmantelaron.
Han pasado ya varios años y solamente algunos aventados se aventuran a construir viviendas, pero lo hacen en lugares ya no tan retirados, con la finalidad de sacarle provecho a esos terrenos que en lugar de aumentar su plusvalía, la han ido perdiendo. La falta de empleos en la región lagunera provocó que dejaran de desarrollarse nuevos fraccionamientos y a esto hay que agregarle, la poca o nula movilidad económica que se vive principalmente en la zona metropolitana.
En aquellos años de bonanza, parecía que todos los laguneros eran sujetos de crédito, por lo que quienes buscaban una casa, se daban el lujo de escoger el fraccionamiento y los beneficios que los fraccionadores daban.
Se vinieron los tiempos difíciles, primero el cierre de empresas que dejó a muchos sin empleo, por lo cual los sueños de vivir en casa propia se vieron truncados y tuvieron que regresarlas y decirle a los bancos que no podían pagarlas. Ahora, aquel boom inmobiliario, se convirtió en una pesadilla, tanto para inmobiliarias como para compradores.


walter.juarez@milenio.com