Vida Cotidiana

Viejos tiempos

La visita de Enrique Peña Nieto a La Laguna para inaugurar el Libramiento Norte, allá por el Territorio Santos Modelo, hizo recordar viejos tiempos, aquellos en los cuales el acarreo no podía faltar, como tampoco la llegada al evento de la clase política de todos los niveles.


No faltaron los líderes sociales, los representantes de los diferentes sectores y ya en la bola, se podían apreciar lo mismo priistas que panistas y hasta uno que otro perredista que llegó de colado.


Claro que quienes pusieron la clase de distinción, fueron los empresarios, muchos de los cuales no querían que el aire fresco de la mañana del viernes los despeinara, mucho menos que el polvo les ensuciara sus zapatos de marca.


Como en los viejos tiempos y como si tuvieran muchos años de no verse, los políticos saludaban a todo mundo, se abrazaban efusivamente lo mismo con un líder social que con un integrante de alguna cámara empresarial.


Todos se sentían que eran las estrellas del evento, ya que algunos pensaban que el ser diputado federal les daba más estatus sobre los legisladores locales. O bien, aquellos que por manejar a los trabajadores, a los campesinos, sentían que todos los asistentes a la visita presidencial tenían que rendirles pleitesía.


Todo fue como en los viejos tiempos, al lugar llegaron desde muy temprano los camiones cargados de “acarreados”, de esos a los que se les “invita” a estos eventos, con la promesa de ofrecerles un buen lonche y su refresco.


Desde muy temprano, se instaló un retén antes de llegar al sitio en donde estaría el mandatario de la nación, el Estado Mayor Presidencial tuvo un control estricto en los accesos y al parecer había francotiradores en puntos lejanos al evento.


La inauguración del tramo carretero sirvió para que muchos se volvieran a ver, para que los alcaldes de La Laguna se saludaran, para que el gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, recibiera el “espaldarazo” y Jorge Herrera, mandatario de Durango, fuera testigo, así como para que Guadalupe Barrios, líder de la Onappafa, acudiera sin sus agremiados para tratar de entregarle un oficio a Enrique Peña Nieto, Presidente de la República, para pedirle que se decrete una franquicia de regularización de autos “chuecos”.


No cabe duda que esta visita presidencial recordó viejos tiempos.


walter.juarez@milenio.com