Vida Cotidiana

Parece una burla

Lo sucedido en la sesión de Cabildo celebrada el pasado martes por la tarde en donde se tomó la decisión de suspender o castigar por cinco días al tesorero municipal de Torreón, Pablo Chávez Rossique, pareció más bien una burla de los regidores y hasta del mismo alcalde Eduardo Olmos Castro.
Esta suspensión sin goce de sueldo al hombre que maneja las finanzas del municipio es algo para “Ripley”, ya que el sentir general es que este funcionario a lo largo de los cuatro años que van de la administración, simplemente no hizo bien su trabajo y por si fuera poco, no presentó de forma adecuada los informes de gestión financiera, los cuales deben de hacer públicos los ayuntamientos y entregarlos al Congreso del Estado.
Lo curioso durante la sesión de Cabildo llegó cuando el mismo alcalde Eduardo Olmos Castro, propuso que el responsable de no haber enviado la documentación al Congreso del Estado a tiempo, el tesorero Pablo Chávez Rossique, fuera sancionado. Pero la burla vino después, cuando llegó el regidor panista Rodolfo Walss Aurioles, quien pidió que se votara para destituir al tesorero, lo cual se hizo y obviamente los priistas ya bajo consenso, decidieron castigar a Chávez Rossique con una suspensión de cinco días sin goce de sueldo.
Pero la burla no quedó solamente en ese “castigo”, también vino cuando el alcalde Olmos Castro dijo que se fijó un precedente en el tema del cumplimiento de la ley, ya que para la otra, el funcionario sancionado tendrá la obligación de asegurarse de que los dictámenes lleguen en tiempo y forma al Cabildo, para ser enviados al Congreso del Estado.
Pero por si alguien todavía tiene dudas del “castigo ejemplar” dictado al tesorero municipal, comentó el alcalde que se puede acudir a la presidencia municipal, para verificar que el funcionario no acudirá a trabajar del 11 al 16 de diciembre y que en la nómina no recibirá el pago por esos días de suspensión, como si Pablo Chávez Rossique necesitara de ese dinero.
No cabe duda que fue una obra de teatro bien montada, en la que el actor principal salió bien librado, mientras que los demás participantes terminaron felices y los malos, en este caso los panistas, se quedaron con las ganas de una segunda parte.



walter.juarez@milenio.com