Para Reflexionar

La persona se origina en la familia

El ser humano encuentra su cuna, no solo biológica sino psicológica y espiritual, en la comunidad de la familia. La necesidad para el ser humano, no es sólo de un útero físico para su desarrollo, sino también de un útero espiritual, constituido por la comunión conyugal de los padres. Esta es una afirmación de carácter antropológico y de la estructura social, de la relación entre la familia y la comunidad.

Ciertamente, el don recíproco del hombre y de la mujer no tiene como finalidad solo el nacimiento de los hijos, sino que es en sí comunión mutua de amor y de vida. De este modo, la persona es generada a partir de un acto de amor.

La familia es el lugar de crecimiento de la persona, crecimiento de su libertad, de su capacidad de amar, de entrega, de búsqueda de sentido, de adquisición de valores etc. La comunión conyugal se expande en la comunidad familiar. Es el lugar propio del desarrollo de la persona y de su crecimiento.

Cada uno de nosotros existe porque ha sido pensado y querido (en la mayoría de los casos) y nuestra identidad es determinada por la respuesta que de la mujer que nos ha concebido y de nuestro padre: "qué bueno es que estés aquí. Te esperábamos como un don” y entonces podemos pertenecer con la certeza de que es bueno existir. Así se inicia el crecimiento de la persona. El ser humano es un bien común: bien común de la familia y de la humanidad, de los grupos particulares y de las múltiples estructuras sociales. La familia es el lugar originario del crecimiento de la persona. "lugar originario", no exclusivo. La persona humana necesita también de otros "ambientes", otros lugares para un crecimiento integral.

La familia como lugar necesario originario de crecimiento de la persona no debe perder su significado y su sentido práctico.

La familia es referencia de vida de cada persona; son estructuras complejas en donde se vierten las emociones de los individuos, son filosofías de vida en donde se mantienen los vínculos afectivos, valórales y en donde se ponen más a prueba los conflictos humanos. En el seno de la familia se producen procesos básicos: la expresión de sentimientos, adecuados o inadecuados, la personalidad del individuo y patrones de conducta.

La familia igualmente es un centro de expresión espiritual (dentro de la estructuración del desarrollo). Cuando su integración es positiva, dentro de ellas se generan los valores más íntimos del espíritu: amor, bondad, y toda una serie de expresiones éticas y de felicidad personal; pero al mismo tiempo si no sucede así la familia viene siendo el centro de sufrimiento y malestar más grande del ser humano.


luisrey.delgado@grupolala.com