Para Reflexionar

Violencia

Tal parece que la violencia crece e invade la vida personal, grupal y social. No solo la violencia física que es su expresión más grosera. Existe violencia económica, reflejada hoy en la explotación, la desocupación, la sub-ocupación, la concentración de la riqueza y la especulación financiera. Existe violencia racial, discriminación, segregación y xenofobia. Existe violencia religiosa conocida como fanatismo o intolerancia.

La violencia crece también en las relaciones familiares, en el barrio, en la colonia, en la escuela, en la universidad y en el trabajo. Hay violencia cuando se discrimina a la mujer y al joven, limitando su participación social. Crece la violencia psicológica, reflejada en la indiferencia, incomunicación, el aislamiento, la resignación y el sin-sentido.

La violencia se ha instalado también en el interior de cada individuo, en las relaciones personales y en los diversos grupos sociales. Se ha instalado en el pensar y sentir de una sociedad de manera peligrosa como descontento y hartazgo.

La violencia es todo aquello que daña a las personas. Es violencia externa y violencia interna. La externa es social e interpersonal; comprende las diferentes formas de la violencia que cualquier individuo sufre o ejerce sobre otros, la violencia dentro de grupos humanos o entre grupos humanos.  Por otro lado, la violencia interna es la violencia que cualquier individuo sufre como experiencia mental y emotiva y tiene tres orígenes principales dentro de la persona:

La memoria. Las frustraciones pasadas, los resentimientos y los recuerdos negativos con los que la persona no pudo reconciliarse. La percepción. La desorientación actual, las prioridades y valores poco claros o confusos, la falta de afirmación, las dificultades de comportamiento, los problemas con la imagen de sí o la actitud, etc. E incluso la imaginación.

Las incertidumbres y los miedos acerca del futuro. Sin un propósito o sentido de vida puede existir violencia interna debido a la manera como las personas tratan sus miedos principales, es decir, el miedo a la muerte, a la vejez, a la pobreza y a la soledad. Construir una cultura de paz, desde el interior de cada uno y hacia los demás, es un compromiso que tiene que ver con valores, actitudes y comportamientos que reflejen el respeto a la vida, a la persona y a su dignidad. No solo el rechazo a la violencia en todas sus formas, sino colocando en primer plano los derechos humanos en todos los ámbitos de la vida, especialmente en la educación, el diálogo y la cooperación.

Todo un desafío de transformación personal y social, pero urgente y necesario en nuestros días.  


luisrey.delgado@grupolala.com