Para Reflexionar

Sexualidad

Los pares opuestos son útiles para adquirir conocimientos. A los dos y tres años de edad, los niños aprenden que las cosas son grandes o pequeñas; calientes o frías; claras u oscuras; gordas o flacas; que están arriba o abajo, o que son buenas o malas.

A los cinco o seis años, incorporan otras gradaciones que transforman esos pares opuestos en una gama de posibilidades y aparecen así, conceptos como mediano, tibio, templado, gris y regular.La dualidad masculino/femenino se incorpora en la misma edad que los otros pares.

Pero esta tipificación no se flexibiliza, de la misma manera que con los demás pares opuestos. La cultura enfatiza una diferencia entre los sexos, que condiciona nuestra mente y rigidiza esa clasificación.

“Solo existen dos sexos: hombres y mujeres; somos totalmente distintos y, además, opuestos”... Nos estereotipamos.El sexo está presente en nuestra vida desde que nacemos e influye en nuestros roles, pero hablamos poco de él y, cuando lo hacemos, no siempre somos claros, ni precisos. Particularmente, cuando debemos tocar el tema frente a nuestros hijos. Hablar de sexo con nuestros hijos nos resulta “incómodo”. Esta incomodidad surge de los propios miedos y prejuicios que tenemos los padres con relación al sexo. 

El sexo no es tema popular en las familias.

La mayoría de los padres prefiere evitarlo hasta que, llegado el momento, los hijos pregunten. Pero los niños no suelen preguntar sobre temas que desconocen, o sobre los que sus padres no hablan.

El sexo debería ser un tema como cualquier otro, no un tabú. Los padres podemos acercar gradualmente a nuestros hijos a su comprensión y no esperar que ellos acudan a nosotros con confusiones, o planteamientos erróneos. Ignorar el tema sólo contribuye a aumentar sus dudas, incoherencias y temores.

En muchas familias, aún persiste la creencia de que las hijas deben recibir una educación sexual y los hijos otra. Esto perpetúa los estereotipos y trasmite una doble moral: hay cosas que son correctas para los niños, pero no para las niñas.

Por ejemplo, las niñas aprenden que el sexo debe ser acompañado de amor y que deben “reservarse” para una persona especial. Por su lado, los varones aprenden que el sexo es deseable y que mientras más experiencia adquieran, mejor.

Si educamos a nuestros hijos para que vivan su sexualidad con naturalidad y responsabilidad (no para que le teman, la censuren o la trivialicen), estaremos facilitando una cuota de felicidad en su vida adulta. 


luisrey.delgado@grupolala.com