Para Reflexionar

Salud y trabajo

A pesar de no sentirse bien de salud, muchas personas asisten a sus lugares de trabajo, con gripa, malestares gástricos, alergias, o dolores musculares. Tal parece que desean seguir trabajando si pueden: “Si puedo levantarme de la cama, estoy en condiciones de trabajar” se piensa.
Las instituciones y empresas refuerzan este comportamiento con el ejemplo de los jefes que van a trabajar aunque se encuentren enfermos, los colaboradores observan e interpretan que se trata de un ejemplo... o quizá de un mensaje de advertencia. Algunos se presentan en su lugar de trabajo aunque se sientan mal, por miedo a ser despedidos, o a que su ausencia impacte negativamente en su remuneración. El viejo modelo del “presentismo” también refuerza la decisión de asistir, a pesar de estar enfermo.
Las empresas y las instituciones llegan a ver esta situación como una ventaja para la productividad, ya que consideran que sus colaboradores son “personas que cumplen”. Pero la “asistencia perfecta” está lejos de ser productiva.
Los problemas de salud reducen la capacidad de trabajo de una persona, incluso los más leves como un resfrío, o una descompostura estomacal. Se comete un error al igualar asistencia con productividad: “estar” no significa “estar trabajando”, ni -mucho menos- “estar trabajando bien”.
Una persona enferma, por más que asista al trabajo y cumpla su horario, no puede desempeñarse con efectividad. Alguien con tos, congestión nasal, dolor de cabeza, malestar en las articulaciones, náuseas, o lo que sea, no puede concentrarse, es proclive a cometer errores, dedica más tiempo a cada tarea, pone en riesgo de contagio a sus compañeros y trasmite una mala imagen a los clientes. Estar enfermo también afecta el ánimo: las molestias, la fatiga y los dolores resultantes provocan irritabilidad, que perjudica el clima de trabajo y la atención al público.
En ocasiones ir al trabajo puede ser más grave que ausentarse. Cuando una persona se ausenta por enfermedad, de alguna manera la organización cubre ese vacío. En cambio, cuando la persona está pero no “está”, la organización no hace nada, pensando que las cosas funcionan con normalidad. El costo de tener trabajando enfermos es muy alto para una empresa o institución.
Si una persona está enferma o se siente mal, tal vez sea mejor que se quede en casa. Asistir al trabajo, puede ser una economía mal entendida. Lo sensato es primero cuidar la salud propia y el verdadero ahorro de las empresas e instituciones es invertir en la salud de los colaboradores, porque luego esta inversión se traducirá en una mayor productividad. Cuidar a las personas... es cuidar los resultados del negocio.


luisrey.delgado@grupolala.com