Para Reflexionar

Pesimismo

Contrario al “optimismo ingenuo” existe la amplificación de los aspectos negativos de la realidad que conduce al pesimismo: la disposición de ver el vaso “medio vacío” en lugar de “medio lleno”, más la oscuridad que la luz, los problemas en lugar de las soluciones y los defectos sin apreciar las cualidades. El pesimista se nutre de elementos negativos, tanto reales como imaginarios, y al olvidarse de lo positivo pierde la objetividad. Ciertamente hay situaciones adversas que no se deben pasar por alto, al contrario exigen ser afrontadas.En los hospitales de Estados Unidos se enfrenta a los enfermos de cáncer, no sólo diciéndoles la verdad completa de lo que les pasa, sino mostrándoles la imagen de sus tumoraciones. Y, se ha comprobado que este modo de proceder disminuye el porcentaje de depresiones en enfermos terminales.También las circunstancias externas en que nos encontramos pueden resultar objetivamente negativas e inclinar al pesimismo. Sin embargo, casi siempre en esas mismas circunstancias suelen existir aspectos positivos que, si se descubren, mitigan el efecto pesimista en el ánimo y favorecen una actitud positiva en medio de la adversidad.Más aún, en los mismos hechos negativos es posible descubrir matices o enfoques que proporcionen un efecto favorable. Por tanto, aunque las circunstancias influyan, la posibilidad de ser optimista o pesimista depende mucho más de la persona.Es frecuente encontrar personas inclinadas al pesimismo. Algunas simplemente por temperamento otras, por la influencia familiar, otras más porque sus defectos les pesan más que sus cualidades y, en consecuencia, tienen una baja autoestima; otras, por las experiencias negativas de su propia vida, por no haber sabido superar los efectos de sus errores o fracasos, ni verlos como oportunidades de las que podrían haber obtenido una experiencia valiosa.En todos estos casos, ser optimista o pesimista depende, sobre todo, de una opción personal, que determina el modo de percibir e interpretar la realidad: «…con la misma uva se obtiene el vino y el vinagre. Debemos tomar una decisión. En nuestro corazón no caben dos lagares, dos tipos de fermentación: o escogemos el vinagre de la amargura, o preferimos el vino de la alegría. A cada uno de nosotros corresponde hacer su propia y personalísima opción»En otras palabras, lo determinante no está en los hechos —la uva es la misma—, sino en el modo de percibirlos y en la actitud con que los afrontamos.Ordinariamente no podemos cambiar los hechos, pero sí dirigir nuestra percepción y actitud de cara a esos hechos de la manera más realista posible. Todo apunta a que la decisión está en nuestras manos. 


luisrey.delgado@grupolala.com