Para Reflexionar

Optimista

Generalmente pensamos que alguien es optimista porque así nació o tiene que ver con su temperamento, es decir, no pensamos que lo es por su voluntad. Lo normal es que se es optimista del mismo modo que si es alto o chaparro. También al optimista lo llegamos a ver como un iluso que no tiene los pies en la tierra.

Realmente se trata de una actitud que hace ver la cara positiva de la vida.  Sin embargo el optimismo está más cerca del “corazón grande” o del “ánimo grande”, es decir de la magnanimidad, que tiene que ver con la fortaleza, la tenacidad y con la capacidad de emprender y alcanzar objetivos.  

El optimista se opone radicalmente al pusilánime, al tímido, al apocado y obviamente al miedo a tomar la iniciativa de la propia vida y a pensar por cuenta propia. 

La magnanimidad es siempre optimista. El optimista tiene, generalmente una peculiar imaginación, además de tener la capacidad de concebirse a sí mismo con la responsabilidad de aportar algo a los demás, a los que están cerca de él.La magnanimidad y el optimismo no están enfrentados con la realidad, sino todo lo contrario.

El optimismo se desarrolla con la combinación de imaginación y tenacidad que no es fácil de lograr. Se trata de la tenacidad de la persona que hace lo que ama y ama lo que hace, con la convicción de que su tarea es lo se necesita y es lo que se espera de él. El optimista, de ánimo grande, no se engaña y reconoce las dificultades, además de reconocer sus propias flaquezas, pero recurre a su experiencia de cuando ha superado los obstáculos debido a sus capacidades personales, empuje y tenacidad. El optimista sabe que solo se consigue lo que se perigue.

El individuo acierta cuando piensa que ser optimista es ser realista.El optimismo es un talante de la personalidad de los individuos que determina en gran medida la manera como enfrentan su vida, sus relaciones con otros, cómo establecen expectativas y planes sobre el futuro, en el enfrentamiento de situaciones adversas y en el análisis mismo de la realidad.El optimista al enfrentarse a diferentes situaciones estresantes experimenta más fortaleza física, comportamientos adaptables y saludables.  

El optimismo es también buena salud, y al amplificar esta declaración, habrá que decir que una sociedad optimista es también una sociedad saludable, que individuos optimistas en la familia, en la escuela, en la empresa, en la comunidad nos ayudan a ser más fuertes, saludables, alcanzar metas y progresar. 


luisrey.delgado@grupolala.com