Para Reflexionar

Juan Lafarga

Con inmensa pena y al mismo tiempo gratitud por su extraordinaria vida, recibimos la noticia de la muerte de nuestro amigo Juan Lafarga Corona quien falleció el viernes 20 de noviembre pasado.

Damos gracias a Dios por su vida de sembrador, amigo y padre, muchos de nosotros nos sentimos ahora como huérfanos, pero siempre nos sentimos hermanos al convivir con quien impulso el cuerpo de conocimientos, investigación y práctica del Desarrollo Humano en el País.

En una de sus últimas conferencias afirmada que: “Es mejor en México promover el desarrollo humano, que luchar contra la corrupción, la luchas en contra generalmente no tienen éxito, la luchas a favor, cuando lo que se proponen es salud, bienestar, desarrollo y crecimiento, sí tienen éxito”, aseguró que “El desarrollo humano reconoce que la maduración básica del ser humano es hacia la libertad, hacia la responsabilidad y hacia la armonía entre todos los seres humanos, el desarrollo humano se convierte en ‘yo quiero’, no es por obligación o culpa que hacemos algo constructivo”.

Maestro y Doctor en Psicología Clínica por la Universidad de Loyola en Chicago, profesor emérito de la Universidad Iberoamericana, dirigió el departamento de Psicología; fundó y dirigió el Departamento de Desarrollo Humano; fue Rector del Sistema Educativo Universidad Iberoamericana/ITESO, miembro de la Junta de Gobierno de la Universidad de Loyola.

Fundo y editó revistas especializadas, coordinó el Programa de Investigación sobre Transformación y Cambio.

Publicó libros y artículos. 

Expresó de manera elocuente que: “El desarrollo humano está en la responsabilidad y en la libertad, puesto el ser humano en condiciones favorables a su propio crecimiento, libremente escoge actuar bien, y eso no es una visión romántica del ser humano, es la realidad”, afirmaba que el ejemplo es el que influye en la formación de una persona.

“De nada sirve que yo elocuentemente esté hablando de los valores, si no los vivo, no tiene ningún impacto, y si no digo nada de los valores pero los vivo, eso realmente impacta”.

“Yo aprendí el amor de aquellos que me amaron, no de los que me dijeron que me amaban, aprendí el respeto y la sinceridad de los que fueron sinceros, no de los que presentaron la sinceridad y el respeto como metas de la vida humana, somos producto de lo que vivimos y de lo que vivieron nuestros padres, profesores y educadores, no somos producto de la ética, somos producto del desarrollo humano vivido aquí y allá, en los diferentes grupos que tuvieron influencia en nuestra vida”.

Adiós Juan, fuiste un hombre cálido, amoroso y promotor de la dignidad de las personas, buen viaje amigo querido, te vamos a extrañar. 


luisrey.delgado@grupolala.com