Para Reflexionar

Interioridad

Existe más preocupación por factores externos como posesión de bienes de consumo, fama, imagen y poder antes que por una vida interior. Antaño las personas eran medidas por los rasgos interiores de la virtud y la moralidad, y era la persona que exhibía integridad en su persona y actuaba honorablemente quien era tenida en alta estima.

Casi todos experimentamos, en algún grado, el síndrome del yo vacío por una vida apurada y excesivamente ocupada. El estar ocupados puede ser una forma de evasión ante los asuntos que verdaderamente importan de la vida: capacidad de amar, relaciones profundas, búsqueda del sentido de la propia vida y todo lo que se interpone entre una persona y su interioridad. Puede significar negaciones explícitas de la vida interior, espiritualidad y contemplación y/o significar un apego excesivo a algo que, en sí mismo, es bueno, pero el apego nos hace dependientes y ansiosos cuando el objeto de nuestros apegos está en riesgo, ya sea dinero, poder, fama, bienes materiales, etc. La advertencia crucial es esta: Apenas nuestra lealtad a algo nos lleva a desatendernos a nosotros mismos, corremos peligro de convertirlo en un ídolo.

Muchos llenan sus vidas con actividades interminables a fin de bloquear el vacío emocional y el hambre espiritual. El yo vacío es altamente individualista, infantil, narcisista, pasivo, centrado en los sentidos, sin vida interior y demasiado ocupado.

De muchas formas se puede llamar al estado espiritual que es el polo opuesto al estrés y que produce bienestar íntimo. Es un bien que no se puede comprar pero que se puede y debe buscar y cuya sola búsqueda ya produce efectos benéficos.

Para obtener paz espiritual no necesitamos irnos lejos, recluirnos en un monasterio o subirnos a una montaña. La paz espiritual, el sosiego, el estado de tranquilidad y calma interior se puede experimentar ahora mismo, cada cual en el lugar en el que nos encontramos. Con una única condición: valorar la vida interior e ir a su encuentro.

Habrá que escoger bien en que gastamos nuestro tiempo, sin dilapidarlo. Ante un tiempo de silencio no correr a prender la televisión, buscar espacios de silencio para pensar, meditar considerar, descansar mentalmente e incluso admirar. El problema de la vida actual es que nos hace sentir inseguros si no estamos constantemente ocupados en algo.


luisrey.delgado@grupolala.com