Para Reflexionar

Impulsos

Solemos estar impulsados por la sociedad de consumo y sus influyentes mensajes que sustituyen el valor funcional por el atractivo, que inducen a participar en una competencia sin límites por adquirir, por comprar. Ponemos en peligro nuestras consideraciones éticas y nuestra felicidad ante la posibilidad de ganancias desmedidas, alabanzas o por pertenecer a determinado círculo de la fama.
El gran peligro al que estamos de continuo expuestos es a responder a fuerzas impulsadoras con reacciones que nos hacen perder de vista nuestras metas éticas y nuestros valores morales. Escogemos por el apego al placer, la ganancia, el orgullo y la fama que son fuerzas poderosas que nos pueden atormentar y sumergirnos en la angustia y depresión.
Por ello es importante en cualquier acción diaria, centrarnos y dirigirnos hacia lo interno que, sin importar lo que suceda en el mundo de los mitos sociales externos, estemos en contacto con nosotros mismos, nuestra naturaleza, guiarnos por nuestros principios en lugar de reaccionar a las condiciones momentáneas y a las circunstancias temporales. Es decir, plenamente conscientes y centrados.
Habrá que aplicar, en todo momento, en todo acto, la sabiduría del sentido común que nos recuerda que existe una diferencia entre trabajar para vivir o vivir para trabajar. Nuestro afán por el éxito puede resultar en un espejismo en medio del desierto. Habrá que desarrollar nuestra propia autonomía y autodominio interior. La “buena vida” plagada de elementos ilusorios no debería de sustituir a la “vida buena” basada en hacer lo correcto, lo genuino, con base en principios y valores que agregan valor de tranquilidad, paz, equilibrio y armonía a la vida.
En lugar de estar demasiado influenciados y sentirnos dependientes de las opiniones y reacciones de los demás, reconozcamos todo lo efímero, irreal y volátil y decidamos crecer lejos de la dependencia y de la codependencia, acercándonos a una individualidad saludable. Consideremos la naturaleza hueca y débil del aplauso frente al sólido desarrollo con base en principios y valores que permanecen.
Consideremos que incluso mañana ya no deseemos las mismas cosas que queremos hoy. Todos podemos recordar una respuesta emocional apasionada que al verla en retrospectiva nos parece banal y tan solo divertida.
Lo ideal será vivir en equilibrada armonía con nuestros valores y ´principios éticos, con nuestro sentido del deber y del compartir e incluso con el medio natural y no sujetos a un duro estrés competitivo que produce sufrimiento y depresión.



luisrey.delgado@grupolala.com