Para Reflexionar

Honestidad

Sabemos que “las apariencias engañan”. Las personas usamos muchos disfraces, tratando de ganar la aprobación o el afecto de los demás. Las apariencias son un mecanismo de defensa ante problemas de la vida, pero cuando esto se torna en nuestra forma de vivir, aunque el exterior se vea “pleno” de vida, nuestro interior se va marchitando.Muchos viven tratando de mantener un estándar de vida que no es acorde a sus ingresos. El trasfondo: la inseguridad que da pasó a una vida basada en las apariencias. El fenómeno no solo se remite a las pertenencias materiales, sino que también se hace visible en las relaciones humanas, donde el verdadero ser es ocultado por una personalidad maquillada. Esto se debe a la profunda necesidad de “ser aceptado, amado y sentir que uno es importante para los demás”.Desde pequeños descubrimos que no todo lo que uno dice o hace es aceptado (por nuestros padres, hermanos, amigos). Entonces, comenzamos a desarrollar una serie de mecanismos de supervivencia para mantener una respuesta amorosa y afectiva de nuestro entorno. Esta respuesta adaptativa en una etapa adulta se vuelve neurótica, porque la persona empieza a identificarse con esa imagen ficticia que ha construido. Es decir, ya no es una respuesta de supervivencia sino de sobre adaptación y se actúa buscando la aprobación de los demás olvidándose de uno mismo.La honestidad es una característica, cualidad o virtud que valoramos mucho en los demás. Una persona honesta se muestra tal cual es, dice lo que piensa, no finge, no engaña y se muestra transparente. Esto nos genera confianza en el otro, porque sabemos que se comporta con sinceridad y sin doblez. Esto lo tomamos en cuenta cuando nos relacionamos con los demás, no siempre es así cuando lo hacemos con nosotros mismos. A menudo, seamos conscientes o no, no somos honestos con nosotros mismos, ni tenemos un diálogo sincero con nosotros. Cuando esto ocurre, se produce una disonancia entre el corazón y la cabeza que nos impide ser felices, encontrar nuestro propio camino, ser leales a nosotros mismos, querernos y mostrarnos como somos.Las malas experiencias sufridas en el pasado, el miedo, la envidia, la ambición, la avaricia… son elementos que nos llevan a tener un diálogo deshonesto con nosotros mismos, hacernos perseguir metas que realmente no nos interesan ni nos hacen felices. Cada uno tenemos obstáculos que salvar para ser honestos con nosotros mismos. Habrá que escucharnos sin miedo, sin hacernos reproches, valorando y teniendo en cuenta lo que pensamos, sentimos y deseamos realmente, permitiéndonos, de verdad, ser nosotros mismos.Las personas que viven honestamente son las que saben que son queridas por lo que son y no por lo que tienen o representan. Inteligencia, autoestima, autovaloración y conocer el sentido más profundo de la vida comienza por el dialogo honesto con uno mismo, certeza interna que da coherencia y consistencia a lo que somos, para desde ahí relacionarnos con los demás. 


luisrey.delgado@grupolala.com