Para Reflexionar

Hermanos

La hermana o el hermano es el ser más próximo que una mujer o un hombre encuentra, es del mismo sexo y generación, tiene la misma herencia biológica y social. Tienen los mismos padres, crecen en la misma familia, reciben los mismos valores, prejuicios y modelos de relación. Aunque nunca los niños tienen la misma experiencia, no hay nadie con quien compartamos tanto.
La relación fraternal es uno de los vínculos humanos más duraderos, que comienza con el nacimiento y acaba solo con la muerte de uno de los hermanos. Aunque en nuestra cultura es común dejar las relaciones entre hermanos y quizá olvidarlas, tendemos a volver a ellos en momentos de celebración: bodas, nacimientos, cumpleaños, así como en tiempos de crisis: divorcios, enfermedades y muertes. En tales ocasiones descubrimos a menudo, quizá para nuestra sorpresa, con qué rapidez reaparecen modelos infantiles de relación, aprecio, recuerdos, conexiones, incluso resentimientos y malas experiencias.
El hermano o la hermana que tanto se parece a uno es irremediablemente otra persona. Nuestra experiencia nos sugiere que desde niños somos conscientes de la especial diferencia entre hermanos. Similitud y diferencia, íntimos y diversos; esta paradoja existe en el núcleo de la relación. Los hermanos del mismo sexo parecen ser el uno para el otro, paradójicamente, con quién se identifican pero también lo opuesto, lo diferente. La relación no es simétrica, existe entre hermanos cierta jerarquía, por el orden de nacimiento, edad relativa, a veces amigos distintos y diferentes relaciones con los padres. Contrariamente a la diferencia radical que separa a los padres de los hijos, las diferencias entre hermanos son sutiles y relativas y estas pueden ser modificadas, trabajadas, redefinidas por los propios hermanos.
El trabajo de auto definición entre los hermanos parece desarrollarse a través de polarizaciones, percibiendo diferencias y repartiendo atributos (el brillante y el apuesto, la reflexiva y la alegre) un hermano precisamente no es lo que es el otro hermano. La hermandad es algo que nos llega, no es algo que escogemos, sin embargo lo más importante es la familiaridad, pues a menudo recurrimos a los hermanos cuando estamos cansados, hambrientos, enfermos, alarmados o inseguros.
La relación con un hermano es permanente, vitalicia y este carácter duradero contribuye a que sea una relación segura, un vínculo predecible. Pero al mismo tiempo tenso, volátil y ambivalente. Es pues, un gran don saber que la relación perdura a pesar de las días y venidas. En la hermandad hay espacio para la semejanza y la diferencia, para divergencias sutiles que desafían y nos alegran, hay espacio para la decepción y para la sorpresa. El hermano o la hermana es quien mejor nos conoce y nos ayuda a mejorarnos, su crítica y sus sugerencias nos construyen y nos acompañan en nuestro desarrollo humano.
Deberíamos celebrar el día de los hermanos como celebramos el día del padre o de la madre.



luisrey.delgado@grupolala.com