Para Reflexionar

Envidiar

Un obstáculo para el crecimiento personal es la envidia. La envidia brota en una persona con baja autoestima, al no aceptar lo que uno es, lo que uno puede o tiene. “Como no me acepto como soy, anhelo ser como otro o tener lo que el otro tiene como compensación a la no aceptación de mí mismo”. Cuando la persona se da cuenta que lo que quiere está lejos de ella, surge la envidia, como una trampa que se pone a sí misma. El que envidia anhela lo que en el fondo no puede obtener y se instala la envidia como un sufrimiento y enojo con la vida. 

Podemos aprender a mirar de un modo diferente las cualidades y logros ajenos. Si en alguna ocasión nos hemos entristecido debido a que nuestro vecino se sacó la lotería o porque a un colega le aumentaron el sueldo, esa es envidia disfrazada de tristeza. Y si también nos hemos alegrado de que nuestros compañeros de clase obtengan calificaciones más bajas que nosotros (o por alguna desgracia ajena) entonces también esa es envidia disfrazada de alegría. El envidioso no se preocupa de la conducta honrada de los demás; sólo busca las deficiencias, para compararse. La envidia es una declaración de inferioridad

De tal manera que combatir la envidia no es otra cosa que aceptarse a sí mismo e intentar vivir un auténtico espíritu de comunión, que consiste en saber compartir con los demás alegrías y sufrimientos. Es también la capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, valorarlo como regalo: un “don para mí”, además de ser un don para el otro que lo posee.

Cuando vemos una cualidad ajena, podemos pensar que es sólo un bien para quien la posee, sin embargo, esa cualidad es un bien de todos si tenemos el sentido de compartir.

Un buen jugador de fútbol que realiza jugadas geniales o espectaculares, pone esa cualidad al servicio de todos los miembros del equipo. Las obras de arte de un artista son un regalo para la comunidad. La madre de familia que tiene la cualidad de la buena sazón para preparar la comida, es un don para los demás. Las cualidades son de uno para todos.

Así, desde una clara aceptación de sí mismo, de lo que somos, sabemos y podemos, y con una clara aceptación de los demás, podemos poner a disposición nuestras cualidades al servicio de todos, esto es lo correcto y justo, pues así funciona mejor la familia, el trabajo, la comunidad. 

La nube de la envidia es un sentimiento que malogra las relaciones y enturbia la armonía, ya lo decía Don Quijote a Sancho:

“¡Oh envidia, raíz de infinitos males, y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no se qué de deleite consigo; pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias”. 


luisrey.delgado@grupolala.com