Para Reflexionar

Emociones

Cuando pensamos en emociones nos vienen a la mente las seis emociones primarias: alegría, tristeza, miedo, ira, asombro o repulsión. Pero el mundo de las emociones es mucho más complejo, existen las llamadas emociones secundarias o sociales: vergüenza, celos, culpa, orgullo y, así mismo, las emociones de fondo: bienestar o malestar, calma o tensión. Además la emoción también se refiere a presiones, motivaciones y a estados de dolor y placer”.
En toda emoción subyace una colección de respuestas químicas y neuronales, todas cumplen un papel regulador, es decir, las emociones se somatizan, se expresan en el cuerpo como sudoración, temblor, circulación sanguínea, etc.
Las emociones se refieren a la vida de una persona a sus procesos de pensamiento y a su cuerpo y conllevan aprendizaje y cultura en la expresión de las emociones otorgándoles nuevos significados y además de ser procesos determinados biológicamente.
Cuando percibimos que una persona está “tensa” o “irritable”, “desalentada” o “entusiasta”, “abatida” o “alegre” sin que haya sido pronunciada una sola palabra que trasluzca estos posibles estados, estamos percibiendo emociones de fondo. Detectamos las emociones gracias a detalles sutiles: postura corporal, velocidad y perfil de los movimientos, cambios mínimos en el monto y rapidez del movimiento ocular y grado de concentración de los músculos faciales. Los inductores de emociones suelen ser internos. Aunque los procesos de regulación de la vida pueden causar emociones de fondo, también pueden hacerlo procesos continuos de conflicto mental, manifiestos o encubiertos, según conduzcan a buscar bienestar o a huir del sufrimiento.
Es obvio que este binomio sufrir/gozar se puede presentar de manera natural como parte de nuestro diario vivir, sin embargo existen personas que se empeñan, utilizando un sinfín de artificios, en poner el acento en el sufrir como condición para gozar, y más dramáticamente, identificándose con el ser sufriente, buscan gozar pero como condición para sufrir más. Hemos visto y oído a personas que compiten para “ganar” en sufrimiento y enfermedad frente a otros – A ver quien sufre más, quien tiene más enfermedades, quien es mayor víctima de los demás – explayándose en tales discusiones.
Para una vida emocional más saludable hay que reconocer nuestras emociones, hacerlas nuestras, validarlas y finalmente expresarlas. Al no poder hablar de las emociones con naturalidad y apertura, comenzamos a cerrar nuestra experiencia emocional a nuestro entorno y a nosotros mismos. Como resultado, nos desconectamos de nuestro interior, nos aislamos, nos frustramos, nos dañamos y nos auto-engañamos.
Cuando nos cerramos a la dimensión emocional vivimos en un mundo de apariencias.


luisrey.delgado@grupolala.com