Para Reflexionar

Elegir

Lo que distingue a la persona que se vive como “víctima” es que se concentra en las variables exógenas (las circunstancias fuera de su control), en cambio el que se vive como “protagonista” se concentra en las endógenas (las acciones que puede emprender para responder a las circunstancias). Mientras que la víctima se ve como ente pasivo sobre el que actúan las fuerzas de la fatalidad, el protagonista se ve como ente activo, capaz de forjar su destino.Cualquier situación se presenta desde ambos puntos de vista. La decisión del ser humano es elegir cómo contar la historia de su vida. El libre albedrío no implica que el universo deba ajustarse a nuestros deseos. El libre albedrío es la posibilidad de la conciencia de tomar la realidad como materia prima de una obra de arte vital, en vez de asumirla como una camisa de fuerza.Desde la infancia, descubrimos que hacer cosas “sin querer” diluye la “culpa  “Ha sido un accidente” es una muletilla que protege de toda “responsabilidad”, prima el lenguaje de la irresponsabilidad y la filosofía de la víctima. “El sistema se cayó”, “la reunión se demoró”, “hubo errores”, “no se pudo establecer una buena comunicación”, “faltó apoyo”, o “se perdió el foco” son expresiones que tienen un factor común: no hay sujeto con poder de acción. “Los acontecimientos” son los que desencadenan el resultado, no hay nadie responsable de tal desencadenamiento.Para revertir resultados negativos, el primer paso es modificar el lenguaje (y la actitud mental subyacente) hacia el protagonismo:, “me atrasé con el proyecto”, “cometí errores”, “no supe entablar una comunicación efectiva”, “no conseguí apoyo”, o “me desconcentré”. Uno se coloca en el papel de protagonista asumiendo responsabilidad y comienza a ver posibilidades de mejora.Una señal de madurez es la capacidad de hacerse responsable frente a las situaciones que plantea la vida. Conciencia y capacidad de elección son la esencia de la responsabilidad, la dignidad y la libertad. Independientemente de sus circunstancias, el ser humano puede prestar atención, darse cuenta y elegir cómo responder. “Entre el estímulo y la reacción, hay un espacio. En ese espacio yace nuestra libertad y el poder de elegir nuestra respuesta”. 


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