Para Reflexionar

Diferentes pero iguales

Todos podemos constatar, a partir de nuestra experiencia y observación, incluso a partir del conocimiento científico que no existe ningún ser vivo igual a otro ser vivo, aún que sean de la misma especie, es decir, no hay una mosca igual a otra mosca, o una célula igual a otra célula así como no existe un árbol igual a otro o una planta igual a otra. Cada flor, cada abeja, cada animal tiene sus características propias, a lo cual llamaríamos su “propia identidad”, lo que le hace ser único, en sí mismo y distinto a otros aunque participe de características comunes con los de su propia especie.Lo mismo, y con mayor complejidad, podemos afirmar de cada persona; cada uno de nosotros sólo nos parecemos de manera estricta a nosotros mismos, aunque participemos de características parecidas a otros. Por ejemplo tenemos rasgos que nos identifican con una familia, con una raza, o con la humanidad misma, pero sólo somos idénticos a nosotros mismos, de tal manera que somos únicos e irrepetibles.En otra dimensión también podemos afirmar, con justa razón, que somos “iguales”, iguales en dignidad, iguales en derechos, que participamos en la búsqueda de la igualdad de género, que las diferencias que nos separan son de forma y no de fondo. Todo sistema vivo tiende a la autoafirmación, (es único)  pero como parte de un sistema más amplio, también tiende a colaborar con el equilibrio del conjunto. Hay obvias diferencias entre hombre y mujer, tenemos organismos diferenciados, la mujer está diseñada para la maternidad, tiene una conformación fisiológica diferente.Culturalmente hablando también existen formas diferentes de ver y vivir la vida entre le hombre y la mujer, la mujer tiene un sentido de “continuidad”, mientras que el hombre tiene un sentido de “discontinuidad”… La mujer cuando asiste a una boda en marzo, por ejemplo, y a otra boda en junio, obviamente no usará el mismo vestido, necesariamente pensará en la continuidad de los acontecimientos sociales, jamás pasará por su mente la idea de usar el mismo vestido en dos bodas diferentes… En cambio el hombre ve los acontecimientos de manera discontinua, para él se trata de dos bodas diferentes, de personas diferentes, en momentos diferentes, por tanto puede usar el mismo traje acartonado y gris de todas las bodas. Ninguna mujer se merece tratos discriminatorios que la coloquen en una situación de desventaja frente a otros de su misma especie.Somos diferentes pero también iguales. La riqueza está en aceptar nuestras diferencias, aprender de ellas, y ello enriquecerá seguramente la vida de cada cual. 


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