Para Reflexionar

Diferencias y conflictos

Un conflicto es algo natural, pero se relaciona con paradigmas negativos o violentos. El manejo del conflicto requiere de condiciones de madurez emocional, madurez que no todas las personas tienen. Nos encontramos a menudo con formas de oposición que las vivimos como conflictos, en unos casos sutiles como disputas, críticas y desacuerdos y que son inevitables en las relaciones personales y grupales. En otros casos las oposiciones pueden ser antagónicas y resolverse por la vía agresiva y violenta. De esta forma, los conflictos son el desenlace del mal manejo de las diferencias existentes entre individuos o grupos.
Los conflictos donde ambas partes pierden son mal resueltos. Son fácilmente reconocibles porque las personas se quedan con una sensación de insatisfacción, frustración, impotencia y soledad. Son conflictos en los que la falta de escucha, el juzgar al otro de entrada, las posturas extremas y el lenguaje ofensivo van distanciando a las personas involucradas hasta construir barreras de prejuicios que pueden minar una relación.
Las buenas intenciones mal expresadas nos pueden salir contraproducentes, cuando pensamos y decimos que todo lo que estamos haciendo es “por su bien”. El chantaje emocional, explícito o involuntario, también debilita la relación e introduce deficiencias en el desarrollo emocional, psicológico y humano. El resultado se da no sólo cuando se pierde la batalla, sino cuando de alguna forma se pierde también algo de la otra persona.
Los conflictos, como algo natural, son reflejos o expresiones de las diferencias. Se requiere entonces gestionar o manejar las diferencias aunque parezcan irreconciliables o de soluciones imposibles, porque mientras no se expresen las diferencias las partes estarán defendiéndose o agrediéndose.
La relación de poder de las partes influye de manera determinante para el manejo de las diferencias, por tanto siempre en un conflicto habrá que: serenarse, sintonizar y expresar sentimientos, escuchar de manera activa y empática, expresarse de manera descriptiva, es decir, expresar lo que yo pienso y siento y no lo que yo creo que el otro es y sus intenciones. Pero fundamentalmente se requiere el entender primero para luego ser entendido. Aunque esto se dice fácil en la práctica es difícil porque cada uno busca que primero lo entiendan antes de entender. Además es importante superar las conductas típicas más frecuentes como: Ignorar, simular escuchar, escuchar sólo parte o selectivamente.
Para un diálogo constructivo que concilie las diferencias y evite conflictos habrá que ponerse en los zapatos de la otra persona mostrando interés incluso por la conducta no verbal, captar los hechos y los sentimientos sin opinar ni juzgar; lo más sensato sería parafrasear lo que el otro dice, aclarar si existe entendimiento recíproco y que sus ideas sean descubiertas por la otra persona. Esto es así porque desde sentirse escuchada, la otra parte se acerca, se arriesga y se expresa más. Pero si no hay condiciones o disponibilidad de escuchar es mejor no engancharse ni engañarse.


luisrey.delgado@grupolala.com