Para Reflexionar

Corromper

Palabra castellana de origen latino, que significa “destruir”, “arruinar”, “enturbiar”, “echar a perder”, “seducir”, “sobornar”, “falsificar”, “viciar”, “depravar”. Son amplias las acepciones con que los clásicos latinos emplearon esta palabra, según los contextos en que la usaron En el Diccionario se leen las siguientes acepciones: “Alterar y trastrocar la forma de alguna cosa. Echar a perder, depravar, dañar, podrir, sobornar o cohechar al juez o a cualquier persona, con dádivas. Pervertir o seducir.

Estragar, viciar. Oler mal”. “Corrupto: dañado, perverso, torcido”. “Corruptor: que corrompe”. El horizonte de las acepciones de la palabra corromper es también muy amplio.

En todo caso se trata generalmente de una situación moralmente despreciable, negativa e indeseable. Que equivale a lo contrario a la vida. Es precisamente lo que sucede a una sociedad en que la corrupción se generaliza. El tema de la corrupción es pluridimensional y multifactorial. Influyen en ella factores personales y sociales, derivados de la falta de formación moral.

No es sólo un problema circunscrito a la realidad de un país, sino que tiende a ser “transnacional”. Poner atajo a la corrupción supone acciones concertadas y convergentes, sistemáticas, congruentes y de largo plazo. Lo primero sería la formación moral sólida, fundada en principios firmes y no sólo en “conveniencias”. Formación sin relativismos.

Nada puede suplir el factor de reciedumbre moral para contrarrestar la corrupción.

Si no hay limpieza de corazón, algo se podrá obtener por la vía de la coacción, pero los logros serán siempre frágiles y se aguzará la creatividad para burlar las normas.Lo segundo es el ejemplo de quienes detentan el poder o las influencias. Si su conducta es sobria, ajena a los halagos; si demuestran un espíritu de servicio y una actitud transparente en el manejo de los recursos de que disponen.

Estamos todos involucrados, pues quien detenta el poder e influencia son padres de familia, maestros, funcionarios públicos y privados, autoridades, jefes de oficina, etc.Lo tercero es una formación clara y firme en cuanto al significado, el valor, y los peligros del dinero.

Quien hace del dinero o del consumo un verdadero “dios” está a un paso de caer en la trampa de la corrupción. Al contrario, quien es austero, sobrio en sus gastos, vigilante para no dejarse cautivar por la propaganda que promete la felicidad a base de bienes materiales, comodidad y placer, esa persona está bien defendida ante las tentaciones de corrupción. 


luisrey.delgado@grupolala.com