Para Reflexionar

Corazón

Cuando hablamos de sentimientos generalmente buscamos un lugar del cuerpo donde decimos que se encuentran, así el corazón se ha identificado normalmente con el mundo de los sentimientos. Las personas con «un buen corazón» son aquellas que tienen «buenos sentimientos». De tal manera que los sentimientos nos mueven para ayudar a los demás.
Alguien que no es capaz de sentir dolor cuando otros sufren, o alegría cuando otros se alegran; seguramente no hará nada para cambiar las cosas. Por eso se dice que «lo efectivo es lo afectivo». La publicidad se dirige hacia el corazón de las personas para moverlos hacia el objeto de la publicidad. En el evangelio de Mateo se afirma que «Donde esta tu tesoro allí estará tu corazón» (Mateo. 6, 21), y también puede ser leída en sentido inverso: «donde está tu corazón allí estará tu tesoro»; Por ello entendemos que mover el corazón de las personas es movilizar sus deseos más profundos, íntimamente conectados con su pensamiento y con su acción.
La mercadotecnia y la publicidad generan deseos que se transforman en necesidades, estamos dispuestos y gastamos energía, horas de trabajo y desvelos por adquirir aquello que nos han vendido. En esta época estamos asistiendo a una especie de «secuestro de nuestro corazón» por parte del “marketing”. Vivimos presos de deseos que nos están impidiendo poner el corazón en la construcción de un mundo más justo y solidario.
La forma de liberar a nuestro corazón de este secuestro es acercarnos al dolor de los demás y dejarnos tocar por él. En ese momento empezaremos a poner nuestro tesoro en otro sitio. Es posible pasar del «yo» al «nosotros», de una vida centrada en mí a una vida vivida desde la óptica de los que peor lo pasan, estar al lado de los heridos por la vida, compartir con quien carece de lo necesario, permanecer junto al enfermo, al anciano, al excluido. Habrá que mirar más allá de nuestras bardas, ir a la periferia de nuestras ciudades, acercarnos a los que menos tienen, y para ello se requiere una especie de conversión del corazón, aquello que se prometió en las sagradas escrituras, “les quitaré ese corazón de piedra y les daré un corazón de carne”. (Ezequiel 36, 26).
 Un corazón libre es precisamente el que es capaz de sentir como propio el dolor de otros. Y una de las causas por las que el mundo sufre es porque nos cuesta pasar del «yo» al «nosotros». No habrá cambio sin conversión del corazón; sin esta convicción sentida, el orden jurídico y político es impotente incluso para defender los aspectos mínimos de la dignidad.
No hay hombre nuevo sin la renovación o conversión del corazón; ahí radica nuestra más profunda autonomía, para que el estado de cosas que no nos agradan, las injusticias, la deshonestidad, la falta de autenticidad cambien se requiere un cambio en el corazón de las personas, una conversion del corazón que nos permita pasar del «yo» al «nosotros». La ética del cuidado y de la compasión es necesaria para que se produzca un cambio ya que nuestro corazón está conectado con nuestro pensamiento y con nuestra acción.


luisrey.delgado@grupolala.com