Para Reflexionar

Conversar

Existe una relación directa entre las conversaciones que realizamos y los resultados que obtenemos. Los problemas personales, familiares y laborales más frecuentes son producto -la mayoría de las veces- de una incapacidad en el manejo de nuestras relaciones. En nuestra vida, la importancia de la comunicación es inmensa. Sin embargo, pocos de nosotros nos proponemos desarrollar consiente y metódicamente nuestra "habilidad para conversar". Ni en nuestro ámbito familiar, ni en nuestra educación formal, nos han enseñado a comunicarnos efectivamente.

Muchos piensan que "saber hablar", es sinónimo de "saber conversar". O, que el sólo hecho de tener la capacidad biológica de oír, implica que sabemos "escuchar a otra persona". Aprender a comunicarnos no tiene que ver con aprender una técnica, un procedimiento, ni un vocabulario, tiene que ver con confianza, respeto, valores, emociones, necesidades y deseos.

Las conversaciones tienen el poder de transformar la realidad. La forma como nos comunicamos determina los límites de nuestro desempeño y los niveles de efectividad que alcanzamos. Comunicarnos con los demás es el medio más poderoso con el que contamos para construir relaciones, oportunidades, confianza, efectividad, respeto y bienestar. La comunicación, es la base en la que se forja la convivencia y una necesidad humana tan esencialcomo el descanso o la comida. Por ello, el desarrollo de nuestras competencias conversacionales puede traer a nuestra vida una mayor efectividad y felicidad. Aprender a comunicarnos, a escuchar al otro, son competencias cada vez más necesarias, tanto en el ámbito personal, como en el profesional y empresarial.

Para lograr buenas conversaciones existen normas sencillas y al alcance de todos, por ejemplo, (1) hay que escuchar antes de responder. Aunque no se comparta la opinión del interlocutor, habrá que escuchar. Todos queremos ser escuchados en nuestras opiniones ideas y emociones.

Pero al tiempo que se escucha (2) habrá que pensar en lo que expresan los demás. Reflexionar las palabras de nuestros interlocutores, es un acto de escucha completo, de esta manera se despierta el interés genuino por el otro desde su perspectiva y podemos comparar con mayor certeza las opiniones de los demás con las nuestras.

(3) Podemos aceptar las opiniones del otro, aunque no estemos de acuerdo. Una cosa será admitir las opiniones de los demás, estas existen en el pensamiento del otro y expresar el desacuerdo con las mismas si es el caso. “Aceptar” no significa “estar de acuerdo”, pero no hay que descalificar la persona del otro, sino expresar el desacuerdo con sus opiniones: “admito que no estamos de acuerdo”

En un proceso de diálogo y/o negociación es probable que no lleguemos a un acuerdo, pero si podemos reducir las probabilidades de que alguien se enoje y en cualquier proceso de conversación“el que se enoja pierde”.


luisrey.delgado@grupolala.com