Para Reflexionar

Conciencia social

La violencia que padecemos y los intentos gubernamentales de detenerla provocan una confrontación por el espacio público, en su concepción más básica, la física: las calles, los centros de reunión. Tal parece que los espacios de convivencia humana están rotos. A esto le sumamos un ambiente de desintegración familiar, crisis económica, tragedias humanas y un entorno donde predomina el temor. Se encuentran amenazados niños y jóvenes con futuro incierto. Las personas somos un número estadístico, una credencial de votar o simplemente somos un botín clientelar, cuando lo que realmente necesitamos es una verdadera transformación para la educación, salud y trabajo.En la convivencia predomina la desconfianza entre los ciudadanos y las autoridades; no hay cooperación en la vida cotidiana y se fortalece el individualismo. Y este individualismo va resquebrajando también el tejido social, ya que cada uno ve por su propio bienestar y es indiferente frente al dolor o daño ajeno.En este contexto de falta de esperanza y de ilusión de un mañana mejor, el desafío es crear las condiciones para poner en el centro de atención a las personas, a los jóvenes estudiantes que terminan sus estudios y no encuentra trabajo, podemos buscar alternativas frente a la corrupción, la impunidad y la estrategia militarizada para enfrentar al crimen organizado que siempre conlleva «daños colaterales» a los ciudadanos.Es indispensable reconstruir el tejido social. Y para empezar es muy importante que busquemos despertar la conciencia, la indignación frente a los acontecimientos de injusticia, no podemos mantener la actitud de indiferencia, tenemos que sacudir la conciencia de cada uno para participar, desde la propia trinchera y espacio familiar y social, en la reconstrucción del tejido social, todos debemos tener parte, todos somos corresponsables. La gran tarea es construir los puentes entre los seres humanos para atender las causas comunes, para defender la dignidad humana.En primer lugar luchar por los valores como la tolerancia, la transparencia, rendición de cuentas y la corresponsabilidad, desde nuestra vida cotidiana hasta en los espacios de toma de decisiones de los asuntos públicos. Romper con las cadenas del temor y de la indiferencia para empezar a confiar en la fuerza del reencuentro de los seres humanos en la búsqueda del interés público.En la historia de nuestro país hemos mostrado gran energía espiritual para enfrentar desgracias naturales y fortalecer nuestras tradiciones con sentido de solidaridad. Es la hora de despertar nuestra reserva espiritual para poner fin a la impunidad, la corrupción. Construir una ciudadanía que tenga como vocación defender el interés público, ser vigilante, exigir cuentas a sus autoridades. Y sobre todo organizarse para responder a sus necesidades apremiantes, conversar, imaginar soluciones, hacer planes, realizarlos y ser consistentes. 


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