Para Reflexionar

Comunicarse

Pese al desarrollo de la tecnología, no mejora la comunicación. La impaciencia y la urgencia atentan contra el contacto personal en todos los ámbitos de la vida.Aunque la tecnología aporta facilidades para comunicarse, lo extraño y paradójico es que en nuestros tiempos existe menos comunicación, en esta sociedad que llamamos civilizada y moderna, y la comunicación que llega a existir suele ser de baja calidad. Estamos solos, nos sentimos solos, nos cuesta mucho hablar y más nos cuesta ser oídos. Las personas se sienten solas, inseguras, vulnerables, poco valoradas...porque no hablan, o porque no son escuchadas. Necesitamos revalorar la cultura del encuentro, de la conversación presencial y del abrazo y del apretón de manos.Como nota curiosa, algunas empresas, lanzaron una campaña, denominada “viernes sin correo electrónico”, con el fin de fomentar la comunicación verbal entre sus colaboradores. La comunicación interpersonal merece ser mejor valorada en los tiempos actuales, puesto que es el recurso intangible más preciado de cualquier individuo, institución o comunidad. La comunicación crea y mantiene relaciones gratificantes y contribuye, aunque a veces no somos conscientes de ello, a nuestra propia calidad de vida, pues crea climas y ambientes que suelen ser sanos y constructivos.La comunicación personal integra afectos positivos, sinceridad, respeto por el otro; humor en momentos difíciles y apoyo. Quizá  las palabras sean las menos importantes en la comprensión y la empatía, de hecho, un gesto o un tono de voz puede cambiar radicalmente el significado de las palabras.Cada vez tenemos menos tiempo y paciencia para escuchar, creemos saber lo que nos van a decir, y a veces actuamos con un mínimo de información porque no nos damos el tiempo para escuchar. La comunicación cara a cara nos pone en situación de compromiso quizá por ello sea más fácil enviar un email o párrafos cortos en el chat o el “twiter”.La comunicación interpersonal, presencial, cara a cara, está en crisis. Sus depredadores son la urgencia de horarios y agendas apretadas, la impaciencia, la falta de un vocabulario amplio o adecuado; incluso la inseguridad personal, la timidez, la intolerancia, la desconfianza, el miedo a la opinión del otro, y hasta la falta de una cultura de comunicación junto con la ausencia de intereses variados. El resultado son grupos o colectivos humanos, familias, empresas, barrios, clubes, etc. que aparentemente están cerca (física o geográficamente), pero se encuentran distantes entre ellos y esa distancia se acentúa y se profundiza cada vez más. Quizá lo más grave es que ocurre al interior de las relaciones de pareja y familiares. Habrá que atender, con espacios y tiempos concretos, la comunicación interpersonal, cara a cara. 


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